Tras varios retrasos, llega a Xbox 360 el primer simulador de conducción realista de la nueva generación.
Nuestro nivel como piloto lo determina el dinero que hayamos ganado hasta la fecha, haciendo las veces de experiencia, y no es un sistema que dé demasiadas complicaciones, simplemente nos cierra primero la mayoría de las puertas para ir abriéndolas poco a poco después. En cualquier caso, ni los requisitos de coches ni los de nivel impiden que siempre tengamos un buen abanico de eventos disponibles para participar, lo que dice mucho de los aciertos de diseño de este modo carrera. Como decíamos, los coches no serán un problema, pues todos los campeonatos en los que participemos tienen como premio, aparte de dinero, un coche generalmente exclusivo, difícil de conseguir de otro modo.
El sistema de carrera es por lo tanto lo que se puede esperar de un juego de estas características. Podremos tunear exhaustivamente nuestros coches, ya sea comprando piezas nuevas, de todo tipo (motor transmisión, carrocería, etc…), decorarlos con gran libertad, seleccionando entre una enorme gama de colores, ya sea normales o metalizados, e incluso ponerles nuestros propios logotipos. Las mejoras que hacen que se note la diferencia son, naturalmente, las piezas, y especialmente las de motor. A medida que modifiquemos nuestro coche podremos ver cómo van evolucionando sus puntuaciones (velocidad, aceleración, frenada, conducción y rareza), y el rango que le va otorgando el juego.

Podremos comenzar comprando un Volkswagen Golf y tunearlo hasta que pueda competir de tú a tú con un Ferrari. También podremos tunear los coches que obtengamos en las carreras, y por supuesto los coches que compremos en los concesionarios. En este sentido el juego cuenta con un sistema de evolución curioso, pues no tendremos abiertos todos los coches desde el principio sino que iremos desbloqueando la opción de comprarlos a medida que vayamos jugando, ganando campeonatos, mejorando nuestra reputación como pilotos y la de nuestro coche como bólido de competición. Iremos mejorando nuestra relación tanto con los concesionarios como con los proveedores de piezas, logrando descuentos interesantes en estos últimos. Los diseñadores le han querido dar algo más de densidad, o profundidad, a lo que se ha convertido en el sistema habitual de los "modos carrera", y en parte lo consigue.
El modo carrera cuenta con dos defectos, uno de ellos subsanable, y el otro no. Por una parte, es posible ganar con facilidad las carreras una vez tengamos un coche a la altura porque, al contrario que en el modo arcade, donde tenemos oponentes a nuestra altura, en cada carrera de los campeonatos los adversarios están predefinidos, por lo que una vez tengamos un coche a un nivel B, por poner un ejemplo, cosa que no cuesta demasiado dinero (en un par de campeonatos lo tendremos), podemos ganar con facilidad los primeros quince eventos del juego, y así sucesivamente hasta que las carreras ya sean de muy alto nivel y no puedan ganarse "a base de caballos". Esto es subsanable porque, evidentemente, podemos comportarnos como caballeros y correr con coches tan malos como los de nuestros rivales.

El defecto no subsanable es el bajo número de circuitos disponibles, doce en total, con 40 variaciones que enseguida se hacen familiares. Éste es sin duda el punto flaco de Forza Motorsport 2, que supera a su antecesor con creces en número de coches (más de 300, y ¡qué coches!), pero se queda demasiado corto en circuitos, algunos de los cuales se hacen repetitivos muy rápidamente, y unos pocos están no demasiado inspirados.