Infinity Ward lo vuelve a conseguir. Modern Warfare 2 es uno de los juegos más importantes del año.
La variedad de armas, más de cuarenta, es una constante en todo el juego, y así encontramos fusiles y pistolas, réplicas de las reales, por cada esquina del mapa. Sin embargo, los más llamativos son las armas tecnológicas de las que hacen gala los equipos especializados del ejército norteamericano, como es el arma Predator (lanzar un misil desde un satélite) o el puntero láser que guía al vehículo Striker para indicar objetivos a los que la torreta debe apuntar. Todas ellas tienen sus particularidades, tanto de cadencia como en precisión, y su comportamiento hace a casi todas indispensables en algún momento del juego. No olvidamos tampoco otras ayudas como la visión nocturna o térmica, útil al adentrarnos en una nube de gas que de otra forma nos dejaría prácticamente ciegos, o los escudos antidisturbios, cuya resistencia pondremos a prueba en cierto momento que, sin ellos, acabaríamos con más agujeros que un queso Gruyère.

La diversidad de localizaciones también va acompañada por una variedad, dentro de lo que cabe en un juego de acción de primera persona, de situaciones. La más llamativa sin duda es la huida en moto de nieve colina abajo en una frenética carrera en montaña helada, hielo y bosques, a la vez que disparamos de una manera rudimentaria con una mano. Es tan sólo uno de esos momentos del juego que deja sin respiración, al que seguirán disparos desde otro tipo de vehículos que no controlaremos, como helicópteros o coches armados con ametralladoras. Toda una lección de jugabilidad bien planificada al que únicamente achacamos un defecto, su duración.
Y es que, al igual que la primera parte, si decidimos adquirir Modern Warfare 2 únicamente por su modo campaña, estaremos ante una experiencia muy intensa durante las escasas horas de juego que nos ofrece, de cinco a ocho, dependiendo de nuestra habilidad en el género y la dificultad seleccionada. Ciertamente, costará despegarse del pad hasta los créditos finales, lo que hará que en un par de tardes el juego quede completado, al menos, en cuanto al referido modo para un jugador. Tan sólo la consecución de logros y trofeos, y volver a experimentar esta "película interactiva" en un nivel de dificultad mayor, nos hará rejugar a esta historia alguna vez más.

La inteligencia artificial ha sufrido una mejora que hace los comportamientos de los terroristas más impredecibles, agresivos y coordinados. A diferencia de otros juegos, en los que a corta distancia somos casi más letales que con un arma y llevamos siempre las de ganar, Infinity Ward ha sabido crear unos rivales que plantan cara en todo momento. A esto le han acompañado muchas mejoras en el motor gráfico, aunque ninguna revolucionaria. El modo campaña de Modern Warfare 2 se podría definir en cierta manera como una "expansión" del primero, que pule y saca más provecho al apartado técnico que hemos podido disfrutar tanto en el primer Modern Warfare como en World at War. El detalle ha crecido y hay menos texturas que "canten" –aunque no se han eliminado por completo-, y los efectos de partículas, humo y demás ahora son más intensos y casi llegan a tocar la pantalla, como ocurre con el efecto de la sangre, que salpica toda la imagen –aunque también va a complicar la visibilidad en exceso-.