Con una historia más completa, una jugabilidad mucho más variada y las mismas virtudes de la primera parte, las aventuras de Ezio en el Renacimiento conquistarán esta vez a todos.
Misiones hiladas con la historia
La historia no solo trata sobre la venganza de Ezio, sino que está íntimamente relacionada con el presente de Desmond, ciertos sucesos turbios de la época en Italia, y hasta con el propio Altair, ascendiente del protagonista del juego. Lo bueno es que esta vez el juego está mucho más impregnado o condicionado por un hilo de acontecimientos, desde las misiones hasta la ambientación general que nos encontraremos en las ciudades. Por hacer una comparación, en el primero había una historia, una serie de personas que asesinar y unos acontecimientos, pero Altair era algo así como un ejecutor no demasiado relacionado con ellos. Ezio, en cambio, es el hilo conductor de todo, y a lo largo de muchas horas de juego iremos descubriendo mucho más y no atando, pero sí tirando, de algunos de los cabos sueltos de la primera parte. La historia, para concluir, se hace más densa y ramificada, pero nunca llega a liar al jugador. A lo largo de secuencias cinemáticos, diálogos integrados en las propias misiones y centenares de referencias, verdaderamente nos sumergiremos en los sucesos de los que Ezio será víctima y conductor.

Cada misión hace avanzar algo más la historia y a Ezio hacia sus principales objetivos. Al contrario que en el primero, las misiones no siempre son de asesinato. A grandes rasgos hay menos asesinatos, pero un largo camino que recorrer para llegar a cada uno de ellos. La mayoría de los objetivos cuentan ahora con una protección mucho mayor, o están escondidos, y para lograr clavarle el cuchillo en la garganta (si bien algunas luchas acabarán siendo cuerpo a cuerpo) tendremos que cumplir numerosas misiones preliminares que nos obligarán a hacer algo más que matar, y generalmente a hacerlo pasando desapercibidos.
Tendremos misiones de escolta, persecuciones, suplantaciones de identidad, inflitraciones... y algunas de las misiones serán especialmente memorables, como cuando usamos el ala delta de Leonardo. Pero sobre todo, las misiones nos mantienen siempre en el hilo de la historia, y nos cuentan siempre algo más de ella o de los personajes con los que nos relacionamos. Combinando secuencias cinemáticas, diálogos en las misiones e información adicional, sabremos perfectamente a quién matamos y por qué lo hacemos, y qué motivos tienen los que nos ayudan para echarnos esa mano. La ambientación del juego cobra, en definitiva, un papel muy grande en la historia y las misiones.

Como ya se sabe, el juego tiene lugar en el Renacimiento, comenzando en el año 1476, en una serie de ciudades y regiones de Italia. Las grandes ciudades que visitaremos son Florencia, Venecia y Roma, cosa que ya se sabía, aunque con razón no se ha mostrado la última. Como en el primero, cada una tiene su estilo característico y su personalidad, así como sus asuntos y su actualidad, que conoceremos a través de la interacción de los ciudadanos o simplemente oyendo qué es lo que dice la gente, siempre ávida de actualidad, y de comentarla. Aparte de estas tres ciudades, el juego tiene una serie de zonas abiertas de campiña, donde también nos encontraremos con pequeños pueblos como San Giminiagno, Forlí o Moterrigione, esta última la aldea natal de los Auditore. De hecho, podremos mejorarla, invertir en la instalación de tiendas y otros equipamientos, ayudando a que la ciudad florezca y por supuesto obteniendo dinero a cambio. Éste es un pequeño minijuego dentro de Assassin's Creed 2 que es bastante curioso, aunque no llega a influir en la historia.