Un samurái nada ortodoxo que va a imponer su ley a tajos.
Si bien es cierto que, a nivel general, el sistema de luchas es satisfactorio, pese a su mal aprovechamiento de recursos, tiene algunos puntos negativos en su desarrollo, destacando especialmente un abanico de enemigos especialmente limitado y, por tanto, muy repetitivo. Lo que es igualmente flojo es lo que hay entre lucha y lucha, pues los elementos aventureros y plataformeros son muy tediosos, carentes de ritmo, y transmiten más una sensación de pastiche poco cohesionado que otra cosa. La sensación se ve reforzada por los momentos de carga, ya que aunque –originalmente- nos introduce algunos
flashbacks, aparecen en momentos no muy oportunos en múltiples ocasiones y, la verdad, el abanico de comentarios es limitado y resultan, por tanto, repetitivos.
La cámara, como los elementos de plataformeo, es uno de los inconvenientes del juego. La posición de la cámara es incómoda, tiene tendencia a perder a Afro (como por ejemplo al usar el Overfocus), y se podrían escribir páginas enteras de fallos vinculados a ésta, la mayoría de poca importancia, sí, pero que al ir sumándose acaban poniendo de mal humor al más pintado. Además, para centrar la cámara en la espalda de Afro hay que pulsar la palanca analógica derecha, lo que implica que perdemos la posibilidad las acciones asignadas a ésta. No tiene sentido, y si la cámara nos vuelve locos, el recentrarla nos dejará vendidos a los enemigos.
Los momentos de explorar el escenario, dando saltos, son sosos, aburridos, y sin nada que aportarnos. Simples y con cuatro saltos mal contados, no implica ni aporta nada al juego, sólo corta el rollo. Pero cuidado, porque su simpleza desaparece en algunos momentos inoportunos para pasar de ser una serie de saltos que no exigen nada a requerirnos una precisión circense en ciertos momentos del juego. Estaría bien, si no fuese porque los controles no están preparados para exigir ese dominio al jugador, y eso implica múltiples muertes y cierta frustración ante esos elementos que, definitivamente, no cuajan nada en el conjunto del título.
Visualmente, ya hemos dejado claro que el apartado artístico nos ha convencido, pero luego, por desgracia, hay algunas ralentizaciones, pérdidas de cuadros de imagen en animaciones y se ve la generación de polígonos en pantalla de manera salpicada durante la aventura, por lo que el resultado en
Afro Samurai va empobreciéndose en su conjunto. No hay que olvidar quue su deleite visual se sustenta en el cel-shading empleando recursos que le aportan una textura a la imagen muy particular. El uso de la iluminación, difuminación de colores y demás consiguen un efecto plástico que en ocasiones nos da la sensación de ver acuarela en movimiento, y eso le da un encanto especial, pero los fallos le apartan de la excelencia. Algo similar sucede con el sonido: la banda sonora es estupenda, con el hip-hop como hilo conductor de sus melodías, y una voz estupenda con Samuel L. Jackson a la cabeza, pero luego los efectos sonoros (escasos, flojos, e inconsistentes) son un fiasco.
Conclusiones
Es evidente que
Afro Samurai es un título entretenido, que se deja jugar y nos puede llegar a ofrecer mucha diversión si conseguimos olvidar sus carencias, pero eso no impide que tenga problemas de cierta relevancia. Anda escaso de opciones (y son accesibles sólo desde el menú principal, no desde la pausa), tiene algunos problemas técnicos, y jugablemente parte de buenas bases e ideas que no se han concretado con la eficiencia deseada, por lo que eso acaba jugando en su contra. No es un título sobresaliente, está claro, pero hay una parte del público que sabrá exprimirle el jugo y pasarlo bien con él.