Construye tu torre hacia el cielo con una de las más originales propuestas de todo el año.
Visualmente,
World of Goo es un juego sencillo en su apartado técnico. La tecnología se esconde más bien en el tratamiento de la física y aspectos afines (peso y su distribución en la estructura, ángulos, viento, movimientos...), pero no debemos llevarnos a engaño. Estamos ante un juego de gran belleza. Sus diseños son muy peculiares y llenos de personalidad, tanto para escenarios como para los diferentes personajes que iremos viendo. Su apuesta estética es soberbia, y sabe dar un giro que rompe los esquemas llegado el momento, devolviéndola la frescura que para entonces, por las horas de juego, puede haber perdido ante el jugador. Pero si algo muestra que artísticamente está muy por encima de la producción media actual es que consigue que encontremos encantadoras a una bolas viscosas negruzcas con ojos saltones. Y las adoramos incondicionalmente.

La música mantiene esa línea, con composiciones maravillosas que nos transportan a los mundos alegóricos y fantasiosos que componen el juego. El glamour de una alfombra roja, una caverna helada, el amago de intestino de una criatura imposible o un mundo electrónico virtual ochentero, son sólo unos ejemplos diversos de las diferentes atmósferas que se plasman en el juego. Y eso no sólo tiene valor visual, sino que la música es completamente diferente y bien adaptada a esa situación única en todo momento. La tensión de una cuenta atrás mientras arde la mecha, o la precisión milimétrica de abismos cada vez más anchos vienen marcados también por el tono y ritmo de la composición, mientras las Bolas de Goo hacen sus soniditos ininteligibles, giran las aspas del molino impulsadas por el fuerte viento, o pasamos por tuberías.
Conclusiones
Hubo unos años en los que los puzles fueron el patito feo. Pocos estaban dispuestos a gastarse en uno de esos juegos de ingenio, sin texturas ni música apabullante, lo mismo que en el éxito de acción o velocidad del momento... y no es que podamos culparles demasiado. La labor de las plataformas de distribución digital en estas situaciones ha producido una nueva juventud para el género, tanto por ideas como por recepción del público, haciendo viables proyectos impensables por otras vías.
En ese contexto,
World of Goo no es sólo uno de los mejores puzles del año, sino el mejor, sino toda una declaración de intenciones. El juego consigue una belleza audiovisual llena de personalidad, algo que se echa de menos en la industria, y lo hace en torno a un concepto jugable que marca una pauta a seguir para los cada vez más presentes puzles físicos, puzles donde la habilidad y la gestión de la física realista son ejes esenciales. Y lo mejor es que lo hace como quien no quiere la cosa, ofreciendo una fórmula sesuda pero asequible acompañada de humor y un tono desenfadado, nada dramatizado, que nos hace jugar con una sonrisa en los labios incluso cuando repetimos por enésima vez la misma fase.
Una historia con muchos y variados niveles para un jugador, que a su vez es completamente multijugador, los retos OCD, y la construcción una torre hacia las estrellas... esas son las claves de uno de los mejores títulos del año que llega, por fin, a Europa.