Super Mario Galaxy toma el testigo y lleva al fontanero a lo más alto.
Y es que el espectáculo visual del Reino Champiñón en esos primeros momentos, soportado por un apartado técnico en el que destaca la cuidada geometría y suavidad de los movimientos de todos los personajes (en buena medida gracias a las estables bajo cualquier circunstancia 60 imágenes por segundo), se combina con una dirección artística que se había perdido en el último plataformas para doméstica de Mario. Se nota que los diseñadores han tenido mucha libertad, y se han permitido explorar no sólo los circuitos de Wii, sino también sus propios trabajos para llenar el juego de elementos autoreferenciales en combinación con muchos nuevos y frescos, gracias al amplio espectro que permite la ambientación del título. El salto al espacio exterior parece haber sido el revulsivo que Mario necesitaba, en todos sus aspectos.
Fórmulas ya conocidas con nuevos resultados
La estructura básica nos va a situar en un mundo central en el que conoceremos a un nuevo personaje, emulando el sistema grabado a fuego con el castillo de Super Mario 64, o la ciudad de Isla Delfino, y a partir de ahí se nos irá dando acceso a cada vez más galaxias. Para ir pudiendo entrar en ellas, tendremos que ir recolectando estrellas, habiendo entre seis y siete en cada galaxia. El total, es ya un clásico, suma 120 estrellas, pero lo cierto es que con unas 60 tenemos de sobra para ver el final del juego. Y es fácil hacerlo, aunque hay una clara y evidente curva de dificultad.

En este sentido,
Super Mario Galaxy se ha planteado en una doble vertiente: por un lado, es un juego fácil, accesible, que todo el mundo puede acabar; por otro, es un juego complejo, exigente, que sólo los más dedicados podrán completar en su totalidad. Y es que hay un volumen elevado de estrellas que son difíciles de conseguir, por lo que aunque podamos ver el final del juego en relativamente poco tiempo, conseguir los extras que se obtienen por conseguir el 100% de las estrellas (y que podéis consultar en la sección de
trucos del juego) sí puede hacernos sudar en determinadas ocasiones. Con todo, debemos señalar que para el jugador menos habilidoso el juego va a seguir siendo un reto progresivo, y de hecho, la evolución en la dificultad es bien palpable. Eso sí, el salto importante se da en el momento en el que el jugador se propone a sí mismo el reto de conseguir alcanzar los retos no imprescindibles de esta aventura.

El control del juego no se muestra ante nosotros como un concepto revolucionario (eso se deja al planteamiento de la física en el título), sino como una evolución natural del sistema de control tradicional de un plataformas en 3D al que se han incorporado nuevos elementos jugables como consecuencia de las funciones especiales del mando de Wii. Por un lado, no tenemos la sensación de que el mando remoto y
Super Mario Galaxy se hayan generado en una simbiosis tan palpable como en Super Mario 64, pero nos sorprende de qué manera tan natural se ha respetado la jugabilidad tradicional del género al tiempo que se han introducido nuevos conceptos.