Ofreciendo un preciso control con detección de movimiento y un mundo de fantasía japonesa, llega el tercer juego de golf de la consola Wii.
Este sistema es más complejo que en Wii Sports y ofrece resultados más realistas y diversos, además de otorgar al jugador un mayor control sobre la pelota que antes. Dependiendo de cómo sea la trayectoria de golpeo de la pelota, nuestro tiro tendrá una serie de efectos, como en el golf real cuando la golpeamos con el palo inclinado. El sistema, pese a parecer a simple vista una adaptación a toda prisa del juego a la consola Wii, funciona muy bien, siendo por el momento la mejor adaptación del golf al Wiimote que hemos visto. El único defecto del sistema es el putt, que se realiza como el swing, es decir, inclinando exageradamente el "palo" hacia atrás, dependiendo de la potencia que queramos darle. Una lástima que no se haya hecho un sistema diferente para este tipo de tiros.
Además de tener un control igual que en el swing, el
putting es uno de los puntos flacos del juego ya que el sistema que utiliza el título para recomendarnos como tirar en el hoyo a veces es bastante complicado y frustrante. La potencia recomendada de tiro no siempre es la adecuada, y el sistema para ver la inclinación del green puede resultar muy confuso. Esta confusión se acrecienta por el apartado gráfico, ya que a veces no se representará bien la cuadrícula de puntos que nos indica la inclinación de las superficies cuando tenemos que hacer un putt largo. Es sin duda el mayor defecto jugable de Pangya, al que nos vamos acostumbrando tras un tiempo, pero que en un principio lo puede hacer frustrante, pues una aproximación magistral al green puede verse lastrada por la necesidad de realizar varios putts para meter finalmente la pelota en el hoyo.

En Pangya, por supuesto, competiremos contra rivales controlados por la consola, cada uno de ellos con sus peculiaridades, y de dificultad creciente. Nos enfrentaremos a ellos en una serie de hoyos imaginativos, bastante bien diseñados y que recuerdan en parte a Everybody’s Golf, aunque son mucho más fantasiosos. En nuestro periplo por la isla de Pangya nos encontraremos con diferentes escenarios, algunos poco ortodoxos para un campo de golf, incluyendo la aparición de hielo. En estos escenarios a veces podremos tomar decisiones arriesgadas para lograr un mayor beneficio, como intentar atajar por un sitio donde tenemos poco margen, o incluso hacer que la pelota rebote en alguno de los numerosos obstáculos que hay en los campos para que quede mejor colocada.
Aparte del modo principal, en Pangya contamos con un multijugador, que incluye divertidos minijuegos para varios jugadores que combinan imaginativamente la dinámica del golf con todo tipo de pruebas. Destaca especialmente el de golpear globos, que nos reta a, mientras completamos un hoyo, hacer explotar los globos con la pelota en cada lanzamiento. Más allá de esto, el modo principal es interesante, y a medida que avancemos por él iremos consiguiendo más golfistas y más ítems para personalizarlos.
A nivel gráfico Pangya es muy del estilo de Everybody’s Golf aunque mucho más colorista e imaginativo. Mientras el juego de Sony, con toque manga, es bastante "conservador" en lo que se refiere a los personajes, en Pangya nos encontraremos con diseños de lo más diverso y fantasioso, con un marcado estilo de tebeo japonés y una gran cantidad de colorido tanto en los personajes como en los escenarios. El sonido es el apartado más flojo del juego, con diferencia, contando con pocos FX y una banda sonora que pasa sin pena ni gloria.

Pangya: Golf with Style es el mejor juego de golf actualmente en Wii, lo que no quiere decir necesariamente que sea muy bueno. Aunque es entretenido y tiene bastante duración, sus defectos jugables y sus bajos valores de producción pueden hacer que el usuario de Wii prefiera seguir practicando con Wii Sports mientras espera a que salga "el juego" de golf para la consola de Nintendo. Con secuelas tanto de Pangya como de Tiger Woods anunciadas para los próximos meses, la espera puede que merezca la pena.