Los simpáticos Sims regresan más animados que nunca a la consola de Nintendo.
Sencillo, pero bueno
My Sims no es ningún portento gráfico para la actualidad, sin embargo, Electronic Arts no busca el realismo en esta entrega, sino que utilizando unos matices más planos y una paleta de colores más sencilla, pretende dibujar el reino medieval de la forma más caricaturesca posible, y el resultado no podría ser mejor. Contamos con un motor gráfico de lo más sólido y estable, que no da ningún problema de frame-rate y que muestra la acción a 60 imágenes por segundo.
Desgraciadamente, y esto es un punto muy a tener en cuenta,
la acción que transcurre en My Sims sucede demasiado cerca del personaje, obligándonos cada dos por tres a centrar la cámara -botón C- o a alejarla y modificarla a nuestro antojo mediante la cruceta tradicional del mando principal. La verdad es que es un detalle bastante molesto, ya que aunque nuestra intención sea alejar la cámara hasta el nivel máximo ésta volverá automáticamente a su lugar original en cuestión de segundos.
De la misma manera que el apartado técnico cumple sobradamente, el apartado sonoro no podía ser menos, con unas melodías de lo más pegadizas muy al estilo de Maxis, además, y tal y como nos tiene acostumbrado Will Wright, el juego carecerá de voces más allá del mítico idioma "Simlish" que caracterizan los pequeños sims.
Como contrapartida, My Sims Kingdom
cuenta con un único modo de juego, el modo historia, imposibilitando la opción mítica de crear una partida infinita como en los demás títulos, una lástima, pues acabada la misión principal del juego, el título se vuelve poco rejugable más allá de redecorar las infraestructuras conocidas para mejorar nuestras dotes de decorador.
Las puertas del reino se cierran
My Sims es uno de los juegos más divertidos de Wii, tanto para jóvenes de corta edad como para quienes quieran aportar luz al reino de Raimundo. Por suerte, la gran puesta en escena y la sencilla interfaz hacen que sea un juego fácil y rápido de jugar, sin hacerse pesado y con la suficiente profundidad como para mantenernos enganchados al televisor durante un buen puñado de horas. No es el Sims definitivo ni mucho menos, ni tampoco incluye las opciones online que se prometieron en su día con el título predecesor, eso sí, un modo multijugador -aunque fuese local- hubiese aumentado considerablemente la diversión de la obra, y más teniendo en cuenta que
Animal Crossing: Let's Go To The City está a la vuelta de la esquina, con funciones de red y periférico nuevo.