Acción, exploración y toda la tradición japonesa hecha arte en la pantalla.
La acción principal se puede superar -cuando ya sabemos qué hacer, cuándo y cómo- en pocas horas, lo que lo sitúa en la línea de lo que tardamos en superar la mayoría de juegos similares (Shadow Complex se puede superar en menos de dos horas; Super Metroid en menos de tres), aunque esto es algo que varía mucho en función del jugador. Habrá quien prefiera explorar al 100% antes de dar el paso de ir a por el reto final y ver los créditos, y habrá quien opte por ir a lo directo y rápido, lo que hace que la duración pueda incluso duplicarse (en nuestro caso, por encima de las 16 horas), según el tipo de jugador que seamos, en nuestra primera partida. Un punto interesante en
Muramasa para los jugadores que quieren ir rápido es que hay una muy buena recompensa por pasarse el juego, y orientada específicamente a acelerar el proceso de recorrer el mapa de nuevo; hasta aquí podemos leer.
El ritmo del juego está bien llevado, pues salvo por la voluntad del jugador de dar más vueltas de las necesarias, el acceso a nuevos contenidos (de mayor o menor relevancia, pero nuevos, lo que siempre es motivación para el jugador) es muy regular y no está excesivamente distanciado en el tiempo, lo que fomenta la sensación de recompensa por el avance. Eso sí, lo cierto es que la experiencia resulta mucho más gratificante en el nivel de mayor dificultad; si no, es algo sencillo.
Conclusiones
Muramasa: The Demon Blade es una de esas pequeñas joyas del videojuego contemporáneo, y lo es por mantenerse fiel a unas tradiciones que cada vez cuesta más encontrar en títulos nuevos (y uno, cosas de la vida, no está siempre por la labor de rejugar sus clásicos favoritos), y al mismo tiempo nutrirse de la tecnología actual para, siendo contemporáneo también en ello, poder sacarle jugo y ofrecer una experiencia estética que, simplemente, no es comparable a lo que hay ahora en el mercado. Tiene mucho encanto revivir el estilo visual de los 8 bits, y tiene mucho encanto encontrarse con impresionantes gráficos imposibles hace seis meses, pero hay algo especial en el cuidado artístico, en el barroquismo del dibujo clásico y su aplicación bidimesional.
Los jugadores, además, agradecerán la presencia de un nivel de dificultad que sí es difícil (la estándar peca de fácil), y que ofrece, además, algo de contenido extra, y no sólo un reto mayor, así como su buen ritmo de juego, acción intensa y demás cualidades que, sin duda, suplen con creces esos puntos no tan logrados, que también los tiene.