Acompaña a este simpático -aunque gafe- niño detective en una aventura en Mirápolis.
En numerosas ocasiones hemos visto como los protagonistas de un manga han cobrado vida en nuestras consolas favoritas. No es descabellado pensar que si una historia funciona en el papel, también lo hará en el mercado de los videojuegos; es más, muchas desarrolladoras apuestan por franquicias de cómics japoneses para acercar al público una versión audiovisual interactiva de sus héroes favoritos.
Ya hemos visto lo bien que le sienta la nueva generación a Naruto, con varias entregas en Xbox 360 y una para Playstation 3, así como los numerosos juegos de lucha para Playstation 2 de la saga Dragon Ball, aunque el planteamiento del juego que hoy nos ocupa es completamente distinto: nada de peleas, nada de poderes místicos, tan solo contamos con algunos artilugios y nuestro enorme potencial como detectives. En este caso ha sido la compañía francesa Nobilis la encargada de hacerse con los derechos de la franquicia para llevar a cabo un proyecto en la consola de nueva generación de Nintendo. ¿Estará a la altura de la serie original?
Más de 10 años en papel
Para aquellos que no sigan el manga o desconozcan por completo las aventuras de este intrépido personaje, la serie
Meitantei Conan -nombre original en el país de origen- nace del puño de Gosho Aoyama, quién
cautivó a medio país con un género que defirió mucho de lo que estaba pegando fuerte en Japón, atrapando hasta los lectores más curiosos. Alejándose de la estética de "quién es el más fuerte" para dotar a su obra de un simbolismo mucho más profundo, Gosho Aoyama apostó por historias cortas sobre casos referentes a los asesinatos y misterios sin resolver.
La historia del cómic japonés trata de cómo uno de los detectives noveles más prometedores del momento (Shinichi Kudo) es atacado por dos miembros de una organización llamada Los Hombres de Negro, quienes obligan al protagonista a tomar una nueva droga en desarrollo que
a priori debería matar sin dejar rastro en la autopsia. Debido a que el estupefaciente está en fase experimental, la reacción que sufre nuestro protagonista es completamente distinta a la esperada,
reduciendo su tamaño y estatura hasta la de un niño de primaria. Desconcertado y aún con miedo en el cuerpo, Shinichi adopta un nuevo nombre y personalidad para evitar ser rastreado y poner en peligro a sus amigos: Conan Edogawa, nombre inspirado en el creador de Sherlock Holmes -Arthur Conan Doyle- y del fallecido escritor japonés Ranpo Edogawa.
En esencia,
la aventura que viviremos en nuestra consola podría pasar perfectamente por una película o capítulo especial, pues recuerda muchísimo a lo visto en la serie de animación. De esta manera veremos a los personajes de siempre, con la colaboración de algunos personajes queridos de la franquicia que no aparecen con regularidad, así como nuevos personajes que aportarán su granito de arena en la investigación de Mirápolis, lugar donde transcurre la acción del videojuego.
Una aventura y crimen exclusivo
Así pues, Conan y compañía han sido invitados a la inauguración de un nuevo parque temático que pretende hacer las delicias de todos los asistentes: comida gratis, piscinas increíblemente grandes, sala de conferencias, salón recreativo, además de contar con unas excelentes vistas desde las habitaciones del hotel. Sin embargo, poco después de la bienvenida, y una vez presentados la mayoría de los personajes, el curioso
Conan encuentra el cadáver de una mujer al borde de la piscina. Descartado el accidente y apuntando con el dedo hacia el asesinato premeditado, nuestra misión será clara: desenmascarar al asesino o asesinos del crimen y evitar, dicho sea de paso, mancillar el estreno de Mirápolis.
La mecánica del juego puede parecer
a priori un poco complicada, sobre todo si la comparamos con las aventuras gráficas de antaño en las que el mítico
Point and click funcionaba a la perfección. En esta ocasión
controlaremos a Conan en los distintos escenarios de Mirápolis mediante el combo wiimote y nunchuck, interactuando con el entorno, hablando con los asistentes del evento y recogiendo pistas para, más adelante, juntar las piezas del puzle.