Regresa al pasado con un Belmont que va a dar buen uso a su látigo.
El desarrollo del juego es lineal, sí, pero mantiene unos pocos momentos en los que encontraremos puertas cerradas y bifurcaciones en la ruta, lo que añade un elemento de rejugabilidad evidente. Las llaves para abrir las puertas están normalmente muy cerca de éstas, y nos dan paso a secciones que suelen esconder una buena recompensa. Eso sí: debemos tener en cuenta que las llaves ocupan la casilla de las armas secundarias, por lo que perdemos la que llevemos equipada, pues no se puede llevar más que un ítem a la vez. Además, hay pequeños escondites aquí y allá, zonas que no son evidentes, y que nos invitan a explorar con cierta atención las fases, aunque hay un reloj que puede llegar a estar muy ajustado.

Visualmente, el juego luce bien, reproduciendo con éxito la estética que imita, ya en los 16 bits, aunque, como decíamos, sin el esplendor máximo de estas consolas. Por supuesto, se ha prescindido de los problemas como el parpadeo de elementos, o las ralentizaciones, ya que está claro que la consola va sobrada para mover este aparato técnico; quizás algún purista lo eche de menos, pero lo dudamos mucho, y en todo caso sería algo estrictamente sólo justificable en una adaptación especialmente fiel de un original vetusto; claro que hay gente para todo. Pese a todo, nos hubiese gustado que el referente visual hubiese sido Super Castlevania IV y su evolucionada jugabilidad con respecto a este planteamiento mucho más clásico, en la línea 8 bits en cuanto a espectro jugable. Entendemos la decisión, pero sería mucho más interesante haber sacado el jugo de ese gran clásico, o incluso ir a por Vampire’s Kiss.
La música, por su parte, se sustenta en la recuperación de temas clásicos de diferentes entregas, lo que parece destinado sobre todo a complacer a los seguidores veteranos. La selección es buena, acompaña a la acción, y suena con toda la parafernalia de la época, resultando superior al conjunto gráfico. Los efectos, por supuesto, en la línea: algo huecos, sí, pero realmente dan la sensación de salir de los sintetizadores de sonido de hace unas décadas.
Conclusiones
Un Castlevania clásico es algo que algunos seguidores llevaban cierto tiempo reclamando, y desde luego su petición se ha atendido con creces. No se trata de una sobredosis bidimensional con un apartado artístico de vanguardia, como los últimos grandes proyectos 2D, sino un giro al pasado; esto puede echar atrás a bastantes personas, y es que posiblemente es una época que se tiene que haber vivido para saber disfrutarlo, o realmente ser un apasionado por los videojuegos y saber apreciar los títulos del pasado, con sus ventajas y carencias. Como "falso" clásico, cumple: realmente estamos ante lo que podría haber sido un Castlevania de la primera mitad de los 90, y eso es difícil de conseguir, sin que quede cutre. Además, sabe ser razonablemente amigable, al tiempo que puede llegar a suponer un gran reto para los jugadores más avezados, lo que está más que bien dado que con sus seis niveles diferentes no es que tenga una gran extensión... más o menos como en la época, claro.