Resuelve puzles en mundo de dimensiones cambiantes para poder soñar.
Sin duda, Crush es un título perfecto para jugadores que busquen un buen título de puzzles a la antigua usanza, pausado, que se juega más con la mente que con la agilidad de los dedos. Su sistema de juego choca al principio, y poco a poco Crush sabe complicar las cosas de forma gradual para enganchar al jugador durante más de 40 fases situadas en cuatro mundos; y una vez que has empezado a resolver estos rompecabezas, has caído en su red. No es difícil obsesionarse (en el buen sentido de la palabra) con un reto y pensar durante un tiempo en su solución, caminando tranquilamente por el escenario, girando la cámara para ver diferentes ángulos. Una reconfortante sensación muy recomendable que debería buscar un hueco entre el catálogo de todos aquellos que disfrutan con este tipo de retos, ya sea en consola o con juegos (por ejemplo, el cubo de Rubik).
Una de las virtudes de Crush es el diseño de las fases, con una duración corta si se conoce la resolución. Esto implica que, en el modo habitual de jugar a PSP (y a cualquier portátil), un usuario no sentirá la sensación de dejar la fase a medias, no se verá cortado por falta de tiempo. Las fases son lógicas y el tiempo lo invertiremos en pensar, no en superar complicados saltos que requieran nuestra habilidad. Igualmente, se puede jugar con el sistema de ensayo y error, realizando el crush constantemente en cada ángulo de cámara, pero a la larga se consiguen mejores resultados realizando la tarea mentalmente.

Estamos ante un título que recoge grandes ideas vistas en muchos juegos, pero todo ello con el sello propio de este título que da un nuevo giro a nuestra forma de pensar y que pondrá a prueba nuestra visión espacial.
Como única pega en el sólido planteamiento, encontramos la ausencia de un modo multijugador. Fases cooperativas que requiriesen ayuda de un segundo jugador en la resolución de puzles habría completado un juego redondo en el apartado jugable.
Un cubo en 2D
Los gráficos de Crush son más que aceptables. En ningún momento deslumbra técnicamente, e incluso sufre alguna pequeña ralentización en algunos casos (escenarios complejos con efectos como lluvia), pero nada reseñable. Estamos hablando de un rompecabezas cuya virtud técnica o visual se encuentra en el curioso efecto por el que los objetos proyectan su silueta en un plano 2D.
Los cuatro mundos en los que se divide el juego aportan un toque extraño y caótico al juego. Los escenarios que pertenecen al fondo están ambientados en lugares de la aventura, e incluyen animaciones detalladas, como las nubes, lluvia o un efecto de distorsión constante bastante curioso. Sería reprochable que las fases de un mismo mundo se parezcan en aspecto, pero generalmente se utilizan algunos elementos diferenciadores como la climatología para dar algo de vida.
Los modelados de las fases no dejan de ser pequeñas estructuras cúbicas, con algunos objetos independientes (como farolas). El protagonista, correctamente modelado y con unas animaciones no exageradas no destaca especialmente pero su aspecto se aleja del clásico personaje rígido de otros títulos.
Poco se le puede achacar a Crush en el aspecto visual. Incluso la cámara funciona de forma brillante: básica pero ideal. Unas posiciones fijas que muestran en todo momento en 3D una idea de lo que podría ser el mundo en 2D. Nada de ángulos ambiguos que induzcan a error. Excelente también la opción de visualizar toda la fase a vista de pájaro y encontrar las plataformas superiores que podríamos estar obviando.
Música para un mundo extraño
Quizá el único punto que no llega a la media del juego lo encontramos en el apartado sonoro. Estos juegos suelen gozar de una ambientación cuidada, con tranquilas pero elaboradas melodías que acompañan nuestra meditación. Títulos como los citados Kurushi y Kurushi Final han destacado siempre por una fuerte banda sonora, no así en Crush, con una ambientación simplemente correcta, que pasa desapercibida. Como punto positivo, citar que al menos no es molesta.
El resto de sonidos tampoco destacan en especial, con algunas pequeñas voces o gritos para situaciones puntuales, como las caídas o la llegada a la salida.

Conclusión
El éxito de Crush se basa en haber conseguido un adictivo título que aporta novedades al género. Sin dejar de lado toques tan sencillos como las plataformas, la idea del cambio de dimensiones es algo más que una simple curiosidad gráfica que funciona bien, muy bien.
De dificultad creciente y adictiva, las únicas pegas las encontraremos en el interés por una partida nueva una vez terminado por completo. No estamos hablando de un juego con escenarios aleatorios y cientos de horas de juego, y eso acorta su vida. Eso si, durante la primera partida, los amantes del género disfrutarán enormemente con un título que difícilmente tiene rival en PSP y en el mercado actual. Original, fresco, divertido y para mentes que acepten retos.