Altair sigue con su particular cruzada en la portátil de Sony, pero con ciertas limitaciones.
Otro punto negativo lo encontramos en la adaptación del sistema de juego a la portátil. Pese a que los controles básicos están bastante bien adaptados a la portátil de Sony –botones de acción, la cruceta representa el arsenal de armas, etcétera-, la cámara resulta desastrosa. Para moverla debemos mantener apretado el gatillo izquierdo, mientras apretamos los botones clásicos para dirigirla hacia donde deseemos. El resultado es tan ortopédico que la exploración por la ciudad es más un sacrificio que un incentivo. De tal forma, para escalar los edificios, muchas veces deberemos dejar de movernos para ajustar la cámara en la dirección que deseemos. Y con este grave defecto se hace imposible que el jugador vea la necesidad de encontrar todos los objetos coleccionables que hay en este vacío Chipre, pese a que la idea de
Ubisoft es muy buena, ya que hay muchas monedas templarias repartidas por todos los rincones de la ciudad, y a su recolección va unido un sistema de premios con los que podremos mejorar varios apartados de nuestro personaje, como la vitalidad, la potencia de ataque, etcétera. Además, se premia a los jugadores que cuenten con ambos títulos por medio de la conectividad entre una portátil PSP y la consola de sobremesa PlayStation 3.
Rozando el techo técnico
El apartado técnico de
Assassin’s Creed: Bloodlines es el punto fuerte de un título que podría haber llegado mucho más alto en términos jugables. El potencial de PSP ha sido demostrado en muchos títulos de reciente lanzamiento, y esta entrega de la saga de
Ubisoft cuenta con uno de los apartados gráficos más cuidados del panorama de la portátil. La ambientación está muy conseguida, y pese a que hay poco movimiento en las calles de Chipre -todo está bastante vacío cuando no se trata de una misión- y todo cuenta con un tono gris algo desconcertante, los edificios son variados y están muy bien recreados. El modelado de los personajes y sus animaciones en combate y durante los vídeos creados con el motor del juego son un punto de referencia en el panorama de la portátil, pese a que algunas texturas dejen bastante que desear.
En cuanto al apartado sonoro, el juego cuenta con un doblaje muy cuidado, algo que es de agradecer a estas alturas, pues son muchos los juegos que solamente vienen traducidos a nuestro idioma. En cuanto a la banda sonora, ésta cuenta con temas de todo tipo que logran engrandecer la ambientación del título, y en más de una ocasión dotan al juego de un frenetismo único –como los momentos de infiltración o cuando nos veamos perseguidos por varios soldados a la vez-.
En conclusión
Ubisoft se ha esforzado al máximo para realizar una gran adaptación en versión portátil de su saga más popular en la actualidad. Sin embargo, el esfuerzo no se ha visto reflejado en el resultado final, pues pese a que
Assassin’s Creed: Bloodlines es una propuesta única para la portátil de Sony, cuenta con las mismas virtudes y los mismo defectos que el título original aparecido hace dos años para las consolas de sobremesa. El apartado gráfico es sólido, el modelado de los personajes está muy logrado, y sus animaciones son excelentes teniendo en cuenta las características técnicas de PSP, pero la ciudad se encuentra vacía, algunas texturas dejan bastante que desear, y el hecho de que debamos esperar a que el juego cargue una nueva área para poder seguir explorando la ciudad hace que olvidemos las virtudes técnicas del corto título, pues en unas seis horas habremos completado la trama, y aunque haya misiones secundarias, estas serán igual de repetitivas que las principales, que pretendían ser variadas, pero no llegan a conseguirlo. Pese a los problemas jugables, como la ortopédica cámara, el título es una buena apuesta para los fans de la saga, que podrán seguir jugando como Altair, el despiadado asesino de templarios.