Vin Diesel conduce y pelea en Barcelona en un juego con buenas ideas, pero no tan bien aplicadas.
Nada más comenzar el título seremos testigos de una de las huidas más espectaculares del mundo del videojuego, siendo los protagonistas desde el momento en el que pisamos a fondo el acelerador. Dicha huida nos servirá para conocer un poco la concepción del juego, que
intenta imitar a títulos que se hicieron grandes como Driver -de la difunta y primera máquina de Sony: Playstation-, además del evidente parentesco a la serie de Rockstar -pionera del género-. De esta manera aprenderemos los movimientos básicos en esta primera misión, que servirá de tutorial para los no iniciados.
La dificultad del título es bastante gradual, siendo las primeras horas de juego un paseo por Barcelona -literalmente hablando- siempre y cuando tengamos algo de habilidad con el mando.
Una vez hayamos conseguido que Burik se haga un nombre dentro de la ciudad, diversas
misiones alternativas se irán desbloqueando para darle un respiro al policía infiltrado y para dotar al juego de una sensación de variedad que, en pocas palabras, no consigue de manera efectiva. La trama principal recorre poco más de una treintena de misiones que nos llevará a lomos de distintos coches, carreras y tiroteos, siendo la mecánica al volante la más empleada en el juego. La variedad de las misiones está
poco definida, haciendo que cuando vayamos por la mitad del juego nos planteemos si todas las misiones son exactamente iguales. Dicho detalle sería secundario si la historia nos pusiera los pelos de punta, tuviera alguna trama bien trabajada o personajes que no fueran un cúmulo de clichés con diálogos malsonantes. Pero no es el caso.
A lo Jungla de Cristal
Así pues, una vez comprendido los controles al volante -habilidad que no llevará más de diez minutos- seremos testigos de las novedades jugables que plantea esta obra de Midway. Como no podía ser menos al tratarse del protagonista de The Fast and the Furious o xXx, Vin Diesel contará con una serie de habilidades que
elevan el grado de espectacularidad del título hasta límites insospechables. El control de los vehículos es fácil, dejando a un lado la simulación para dar paso a un modo mucho más arcade y frenético, ideal para este tipo de juegos. Solo
bastarán unos minutos de juego para comenzar a hacer derrapes y giros imposibles por las calles de Barcelona, todo un lujo, pues la curva de dificultad está muy bien empleada.
De esta manera nos topamos con que
nuestro coche puede convertirse claramente en el arma definitiva, más allá de las distintas armas que consigamos a pie, obviamente. Gracias a su habilidad al volante, Milo podrá embestir a sus enemigos con un simple toque del
stick analógico derecho, acabando rápidamente con sus perseguidores. La cosa no acabará aquí, sino que además, con un simple toque de botón, tendremos la posibilidad de
cambiar de coche en tiempo real a velocidad de vértigo, algo nunca visto dentro de los videojuegos, y digno de las mejores películas de acción de la gran Hollywood. Así, cuando las circustancias lo permitan, Milo abrirá un poco la puerta y saltará del coche original al coche de destino, entrando por la ventana y golpeando al conductor, haciéndonos con el control de este segundo vehículo en poco más de tres segundos. Dicho detalle será relativamente útil cuando tengamos el coche en las últimas, olvidándonos de dejar el coche, buscar -o robar- otro, y así poder continuar con la misión.