Lara muestra buenas credenciales en su llegada a la nueva generación en un título que hace muy bien unas cosas pero no tanto otras.
Tomb Raider era una de las grandes sagas que aún no habían dado el salto a la nueva generación. Lara había tenido conversiones a Xbox 360, como la de Legend, pero aún no un juego pensado desde cero para aprovechar las capacidades de las nuevas consolas. Crystal Dynamics, los que en 2005 cogieron "los restos" de Lara Croft tras unas últimas entregas decepcionantes y la llevaron de nuevo al estrellato, ha tenido tiempo de sobra para pensar en el salto de Lara a las consolas Xbox 360 y PlayStation 3. El resultado ha sido satisfactorio, aunque con ciertos altibajos. Lara sigue siendo una estrella y Tomb Raider Underworld un muy buen juego, pero para la siguiente entrega que, seguro, ya está en desarrollo, puede ser mucho mejor.
Como os contamos en las impresiones del juego, Tomb Raider Underworld entronca con anteriores aventuras de Lara gracias a secuencias de vídeo que nos muestran al principio del juego: tras un breve entrenamiento en la mansión de Lara, aunque en llamas y cayéndose a pedazos, nos embarcamos en una aventura que mezcla varias mitologías, especialmente la nórdica, con la historia personal de Lara y los detalles de la desaparición de su madre y, años después, de su padre; en búsqueda del martillo legendario de Thor, Mjolnir, Lara recorrerá medio mundo, realizará todo tipo de acrobacias y saltos imposibles, y se encontrará con algunos viejos conocidos con los que hay cuentas pendientes que saldar.
Tomb Raider sigue siendo un juego de acción, exploración y plataformas, principalmente estos dos últimos factores. Muy fiel a su título, tendremos que visitar ruinas, introducirnos en su interior, y buscar sus secretos. En lo que se refiere a exploración del escenario, Underworld está a un gran nivel; como ya comentamos en nuestras primeras impresiones del juego, Tomb Raider aprueba una asignatura pendiente en los juegos de su estilo, ofrecer niveles abiertos, con varios caminos y varias formas de avanzar y resolver una situación, no simplemente un pasillo por el que hay que hacer acrobacias. Los escenarios abiertos de Underworld tienen un puzle que resolver, y los lugares donde puede resolverse están fijados; sin embargo, se puede llegar a ellos de varias formas, no siguiendo una gymkhana prefijada, sino por diferentes caminos por el escenario; obviamente están definidos a propósito, pero ofrecen varias alternativas, y están bien integrados en el escenario, sin "cantar".

Esto logra una atmósfera muy conseguida, dándonos una verdadera sensación de exploración, como no se cansa de repetir la publicidad del juego, y hace que la jugabilidad nos obligue realmente a experimentar con el escenario, a probar a dónde nos llevará una serie de plataformas – puede no ser útil -, y permite además una rejugabilidad mucho mayor. Diferentes caminos ofrecen diferentes experiencias, aunque por supuesto todas ellas girando en torno a los saltos y acrobacias de Lara.