La saga Sacred debuta en PlayStation 3 y Xbox 360 rellenando el vacío de un género muy poco pródigo en consolas.
Al menos, las melodías que nos acompañarán a lo largo de la aventura son por norma bastante buenas, con piezas orquestadas que se combinarán con otras más cañeras gracias a la participación de grupos como los alemanes
Blind Guardian (un conjunto de "metal"), que estarán representados incluso por algún que otro personaje en el juego, amén de no ser nada extraño ver como algunos aldeanos tararean sus canciones. El problema en este aspecto es que la música no parece casar muy bien con las situaciones que viviremos en la partida en algunas ocasiones. Nos referimos por ejemplo a temas demasiado épicos para situaciones nada peligrosas, o momentos en los que no habrá ningún acompañamiento musical dando como resultado una aventura muy desangelada, etc. De todos modos, el trabajo musical, como decíamos, resulta bastante bueno por la variedad de piezas en las que se han trabajado.
Un pad para gobernarlos a todos
Todo action-RPG que se precie, tiene garantizado, gracias a su adictiva mecánica de subida de niveles unida a lo que muchos seguidores de
Blizzard (por elevar este concepto a su grado máximo) bautizaron como
itemización, una diversión y duración a prueba de bombas.
Sacred 2 no iba a ser menos, sobre todo después de catar la versión PC. La única duda razonable que teníamos era el ver cómo habían adaptado toda la interfaz así como la jugabilidad de este tipo de juegos, tradicionalmente pensados para ser jugados con el combo teclado y ratón, al control pad de las máquinas de Sony y Microsoft.
Y lo cierto es que tras muchas horas de juego, podemos afirmar con total rotundidad que esa adaptación se ha realizado de manera medianamente satisfactoria. De este modo, con el stick analógico izquierdo moveremos a nuestro personaje y con el derecho, la cámara del juego -como si fuera un arcade al uso-. Los cuatro botones del lado derecho del pad serán botones de acción con los que ejecutaremos los combos/hechizos mientras que con la cruceta digital podremos tomar pociones del inventario o ejecutar el don divino. Finalmente, el resto de botones superiores o gatillos accederán a los menús, hablar con personajes o recogida de objetos.
Sí, no llega ni de lejos al nivel de facilidad y manejo de la versión PC, pero tras unos pocos minutos de juego, podremos movernos bastante bien por el mapeado. Y aunque a veces, la navegación por menús y submenús puede parecer algo pesada, no podemos dejar de recalcar lo complicado que resulta adaptar este tipo de esquema a un mando de consola. El único lunar grave de todo el juego tiene que ver con lo engorroso que resulta la cámara, que aunque podemos rotarla, no acaba de convencernos del todo por los ángulos y perspectiva forzada que adopta en planos cercanos, tendiendo siempre a la perspectiva isométrica e impidiéndonos en ocasiones, ver claramente lo que tenemos delante. No quedará más remedio que acostumbrarse.
En cuanto a las opciones multijugador, el verdadero punto fuerte de esta clase de juegos –ya que jugarlo solo puede resultar a la larga monótono o repetitivo a muchos usuarios-, se nos da la posibilidad de hacerlo tanto online como en red local. Y es que jugar a
Sacred 2 en modo cooperativo con cuatro jugadores constituye sin duda el mejor motivo para adquirir este título. Con eso está todo dicho.
Conclusiones
Sacred 2: Fallen Angel en versiones consola es a grandes rasgos un buen juego. Aún con sus fallos técnicos (nada especialmente grave o dramático), o la incómoda cámara, las virtudes como la gran durabilidad (más de 100 horas totales), su adictivo desarrollo de subida de niveles o las divertidas partidas multijugador acaban, nunca mejor dicho, ganando la partida. Y más si tenemos en cuenta que este género, pecero por excelencia, casi nunca se prodiga en consolas; aunque, quién sabe… quizás con algo de suerte,
Blizzard y su próximo
Diablo III se unan en un futuro no muy lejano a la fiesta.