La escuela Diablo
No cabe duda que la mítica saga formada por
Diablo (Blizzard, 1996) y sobre todo, su secuela
Diablo II (Blizzard, 2000) supuso un antes y después en el mundillo de los videojuegos, llevando las clásicas aventuras 2D denominadas
hack’n slash (peleas con espadas y otras armas contra decenas de enemigos) como
Golden Axe King of Dragons o los mismos
Dungeons & Dragons de
Capcom a un nuevo nivel, al añadirle además de las consabidas dosis de acción, dos importantes ingredientes: rol, aunque en pequeñas dosis, y numerosos ítems/objetos, sentando las bases y estableciendo el estándar definitivo de este subgénero denominado
action RPG… aunque para muchos sigan siendo juegos
hack’n slash actualizados o remodelados mínimamente.
La gran popularidad que alcanzó rápidamente
Diablo II hizo surgir toda una serie de "discípulos" hasta el punto de llegar a denominar a este clase de títulos como "juegos tipo Diablo" o "clones del Diablo", de los cuales merecen destacarse especialmente
Titan Quest, una variación bastante interesante al estar ambientada en la Grecia mitológica, y por supuesto, la saga que nos ocupa:
Sacred.
El primer
Sacred fue lanzado al mercado a comienzos del verano de 2004 bajo distribución
FX Interactive a tan sólo 20 euros, detalle que unido su notable calidad global, le hicieron ganar una nada despreciable popularidad entre gran cantidad de usuarios PC ansiosos de poder jugar a otro juego de las características del de
Blizzard y que tuviera cierto nivel de calidad. Y no se puede negar que el título de
Ascaron reunía ambas virtudes llegando a hacerse un pequeño hueco, aunque siempre a la sombra de la mencionada saga
Diablo, todo sea dicho.
Ahora, transcurridos cinco años, y tras un largo periodo de desarrollo por fin tenemos en nuestras manos
Sacred 2: Fallen Angel (la versión para compatibles salió a finales del año pasado) en su versión para Xbox 360 y Playstation 3, motivo éste, más que suficiente para intentar llamar la atención a multitud de usuarios de ambas plataformas al ser un género que no suele prodigarse en absoluto en plataformas consola.
Regreso a Ancaria
Curiosamente, esta segunda parte, nos sitúa nada más y nada menos que 2.000 años antes de los acontecimientos ocurridos en el original, trasladándonos de nuevo a
Ancaria, un mágico mundo con multitud de razas y donde la denominada
Energía T ha estado fluyendo desde tiempos inmemoriales. Este misterioso poder constituye el principio de toda la vida, es la fuente de toda la magia y el origen de todo el pensamiento.
Custodiada por los guardianes Serafines, el enorme poder de esta energía fue cedido a los Altos Elfos, que pronto se convirtieron en la cultura reinante de
Ancaria. Pero como suele pasar cuando se tiene un gran poder entre manos, las disputas y ansias de poder no tardaron en surgir en el seno de los Altos Elfos hasta convertirse en un conflicto irresoluble desencadenante de una terrible guerra civil. A ello se le unió la avaricia de otros pueblos y nuevas luchas que acabaron con la Energía T totalmente fuera de control, provocando mutaciones en diversas criaturas y quedando regiones enteras inhabitables.
En esta época de caos y crisis, nuestra primera elección será elegir de qué lado queremos alinearnos, si con las fuerzas de la luz, cuyas virtudes son la justicia y el honor, o al lado de la oscuridad, basado en el deseo de poder y moral sin escrúpulos. O dicho de otra manera, si queremos ayudar a restaurar el orden en
Ancaria o por el contrario, apoderarnos de la energía T para nuestro propio beneficio causando el caos y la destrucción a nuestro paso. Y es que una de las novedades principales radica precisamente en poder jugar a
Sacred 2 desde dos puntos de vista distintos, gracias a la existencia de dos campañas: Luz y Oscuridad, de modo que la forma de afrontar estos desafíos diferirá, pese a mantenerse obviamente, la misma mecánica jugable.