Este juego de boxeo orientado a todos los públicos acaba resultando demasiado simple y repetitivo pese a sus buenas intenciones.
Este sistema de control, interesante al principio, enseguida puede llegar a hacerse confuso debido al alto ritmo de los combates. Esto no es boxeo real, y no hay barra de cansancio, sino que el ritmo de juego se parece más al de un juego de lucha convencional, por lo que es posible que, especialmente en nuestros primeros combates, nos resulte confuso que se usen los mismos botones para parar golpes que para darlos. El repertorio de movimientos también se hace corto en poco tiempo, contando con estos dos tipos de ataques y diferentes variantes, pero que se hacen demasiado poco diversos una vez avanzado por el juego.

Pero más allá de eso, el principal problema de Facebreaker es que es tan arcade, con un ritmo tan endiabladamente veloz, que algunas buenas ideas como los numerosos sistemas de bloqueo quedan solapadas, porque prácticamente ganará el que machaque los botones más rápido. Las situaciones rara vez se resuelven por conocimiento de los movimientos o algún tipo de estrategia, sino por la velocidad y el ritmo al que pulsemos los botones. Esto convierte a Facebreaker en un juego muy plano, donde la curva de aprendizaje consiste en aprender poco a poco cuáles son las rutinas de los rivales, pues su inteligencia artificial también deja bastante que desear. A veces son máquinas de matar y es imposible hacerles frente, y otras veces intentarán repetir el mismo movimiento, una y otra vez, al ver que funciona. Puede llegar a resultar tremendamente odiosa.
Aparte de la IA, el juego tiene ciertos detalles un tanto llamativos, como la exagerada desventaja en la que quedamos cuando estamos acorralados en la esquina del ring. Esta situación clásica y dramática del boxeo, que ha engendrado expresiones como "contra las cuerdas", en Facebreaker resulta mucho más desesperada, y prácticamente estaremos abocados a recibir una paliza si no tenemos un golpe de suerte. Finalmente, si vamos llenando una barra haciendo varios movimientos especiales, podremos hacer un golpe "Facebreaker" (textual y verdaderamente, "rompecaras"). Este golpe es devastador y, en efecto, como su nombre indica, rompe la cara del boxeador rival, aprovechando de paso el buen sistema de modelado que comentábamos antes.
En el caso de que el encuentro no termine abruptamente, los combates están organizados en tres asaltos, y llegaremos a la victoria si tiramos tres veces a nuestro rival; si nadie ha caído tres veces cuando suene la última campana, entraremos en un modo de "muerte súbita" donde perderá el primero que caiga; esto puede resultar injusto, pero de algún modo puede resultar es positivo por su simplicidad y carácter arbitrario. Da igual que hayamos tirado dos veces antes a nuestro rival y él no lo haya hecho ninguna vez, el primero que caiga pierde, y punto.
En modos de juego, Facebreaker no anda muy sobrado, con el clásico encuentro rápido, un torneo rápido, y un modo carrera donde vamos ganando torneos y cinturones pero que rápidamente se hace repetitivo, con una curva de dificultad que puede volverse insoportable debido al carácter de la inteligencia artificial. El modo online es interesante y puede resultar entretenido, e incluso incluye la posibilidad de organizar una liga entre varios jugadores, además de poder compartir personajes con otros usuarios.
El apartado gráfico de Facebreaker es sin duda lo mejor del título. Aparte de la buena tecnología para reconocer caras y representarlas, y las numerosas opciones de configuración, el juego cuenta con un buen modelado y animación de los personajes, además de una buena ambientación para los diferentes cuadriláteros. El sonido incluye voces y comentarios en inglés, y una banda sonora variada como nos tiene acostumbrados Electronic Arts.
En conclusión, nos encontramos ante un título con buenas intenciones y algunas buenas ideas como la posibilidad de crear boxeadores en base a fotos, pero que a nivel jugable falla estrepitosamente al implementar un sistema de control arriesgado, pero que se hace confuso, y sobre todo un ritmo de juego que no recompensa la habilidad sino la rapidez, o simplemente el azar. En combinación con una inteligencia artificial más que peculiar, y muchas veces frustrante, Facebreaker se queda lejos de lo que podría haber sido, y no nos hace olvidar, sino añorar, aquellos Ready 2 Rumble de Midway.