Maneja el espacio, domina la perspectiva, y juega con el entorno para conseguir superar todos los obstáculos.
El otro gran modo de juego es Atelier, donde hay que ir a por todos los puzles, con el objetivo de superar nuestro tiempo, tanto sueltos como en tandas de ocho puzles que podemos escoger nosotros mismos a través de la galería. Pero eso no es todo. también podemos componer nuestros propios escenarios, tanto partiendo de alguno de los ya existentes como de la nada. Esto se hace a través del modo Canvas, que se desvela como una potente herramienta de creación para este juego con todos los instrumentos necesarios para tener las mismas posibilidades que han tenido los diseñadores de manera accesible.

El tamaño es limitado en los tres ejes dimensionales (38 bloques en cada uno) pero la verdad es que dentro de ese espacio podemos poner lo que queramos con completa y absoluta libertad, lo que en la práctica hace el juego inacabable. Bueno, esto último es un poco más cierto en el caso de la versión para la PlayStation Network, donde podemos descargar niveles de otros usuarios con facilidad desde Internet (y, claro, subirlos a los servidores de Sony, o mandárselos a los amigos directamente). En el caso de PSP esto se limita a red local, lo que es extraño dado que la consola tiene funcionalidades de red completas y no consideramos justificable que se haya dado esta carencia en la portátil. Una nota curiosa: los puzles de la versión PSP y de la versión PSN son diferentes entre sí.
Ya hemos comentado el aspecto gráfico del juego, minimalista, pero no se puede decir lo mismo de la música. No es que se dé un giro hacia un barroquismo musical, ni mucho menos, pero lo cierto es que la banda sonora consigue acompañar de manera excelente a los puzles que plantea alejándose de la machacona melodía clásica del género (con honrosas excepciones). La banda sonora es delicada, con un violín marcando la pauta acompañándonos en el proceso de resolución de estos rompecabezas buscando una sensación de relajación que, sin duda, se ve reforzada por el empleo del blanco y el gris/negro del aspecto visual de
Echochrome, lo que consigue impregnarle de una esencia muy especial que se ve complementada con pocos pero acertados efectos sonoros y una delicada voz femenina que habla bajito, casi como si no quisiera distraernos ni interferir en nuestras acciones.

Conclusiones
Éste es uno de esos juegos que hacían falta: un puzle diferente por estética, por jugabilidad y por puro y llano planteamiento de todos sus elementos.
Echochrome es una experiencia de juego muy específica, bien diferenciada, que consigue definir una personalidad robusta con su concepto jugable profundo y bien desarrollado. Su control sencillo sabe esconder diseños de niveles que exigen una habilidad especial al jugador para pensar de manera eficiente sobre el espacio, forzando incluso el llamado pensamiento lateral para conseguir encontrar una solución quizás no tan evidente. Quizás nos quedaríamos con la versión para PS3, por la posibilidad de ir descargando nuevos puzles, pero, por otro lado, reconocemos que los puzles siempre han funcionado muy bien en portátiles. Cada versión tiene sus valores, y ya es cuestión de cada uno decidir cuál puede interesarle más, pero si algo está claro es que con éste título se ha establecido otro hito.