Una nueva visión del conflicto que enfrentó a Francia e Inglaterra durante más de un siglo.
Para mover a las tropas, habrá que conseguir control directo sobre una tropa que esté desocupada pulsando uno de los botones frontales; pero hay que tener en cuenta que esto sólo es posible si no están ya ocupados, por ejemplo con una misión de defensa asignada. Además, sólo podemos mover a una tropa al mismo tiempo, y hay que tener presente también a quién vamos a atacar, ya que hay unidades que son especialmente efectivas contra ciertos tipos de soldado. En definitiva, todo consiste en desplazar a nuestras tropas, darles órdenes, y estar atentos para ejecutar los movimientos especiales, ya que no podemos abusar de ellos al requerir cierto tiempo para restaurarse y poder emplearlos otra vez, sin olvidarnos de que podemos contratar también unidades de apoyo en la taberna y que podremos convocarlas en el campo de batalla cuando lo deseemos.
Por estas razones, la inteligencia artificial de nuestros soldados (y enemigos) es de especial importancia para desarrollar una experiencia de juego positiva. No tardaremos mucho en descubrir que aunque las reaccions son dinámicas y en ocasiones realista,s muchas veces las decisiones de los soldados son propias de los Lemmings, lo que nos va a meter en muchos problemas innecesarios, o situaciones abiertamente extrañas, de manera que no acaba de convencer en exceso el darles tanta libertad de actuación cuando empiezan a realizar maniobras muy poco acertadas.

Partiendo del sistema de experiencia habitual del rol, habrá que estar atentos también a la evolución del personaje, pudiendo mejorar estadísticas concretas como el uso de espadas, mazas, flechas, etc. Cuanto mayor sea nuestra habilidad para dar órdenes de ese tipo, más eficientes serán nuestras tropas, de manera que no sólo se aumenta la potencia sino también la efectividad. Todo el sistema de las diferentes habilidades se estructura en un conjunto de libros que proporciona una estructura compleja y profunda con amplísimas opciones de personalización, que en conjunto con el tipo de tropas que vayamos manejando nos va abriendo un campo de acción muy amplio y variado.
La presentación del juego está bastante cuidada, con escenas cinemáticas de acertada factura, entre las que destaca sobre todo el conjunto la escena introductoria, que claramente ha recibido una atención especial. Una vez ya dentro del juego, el aspecto general es positivo, aunque sin grandes alardes. Los personajes no tienen una caracterización muy elevada, por lo que los enemigos resultan harto repetitivos, y algo toscos en su poligonización y diseño general. Lo mismo se puede decir de los escenarios, demasiado simples por norma general y muy vacíos. Esto se compensa por la enorme cantidad de personajes en pantalla, pero parece que no han sabido encontrar el equilibrio entre estos factores. Eso sí, hay que agradecer que la tasa de imágenes por segundo tiene relativamente pocas ralentizaciones. Con todo, hay que tener en cuenta que estamos ante un juego de estrategia y que estos defectos no afectan realmente a la jugabilidad.
Las melodías son excesivamente repetitivas, aunque hay buenas composiciones y efectos de sonido convincentes. Pero lo más destacable son las horribles voces (en inglés) que ofrece el juego, con unas interpretaciones que van más allá de lo cuestionable, haciendo que todo el conjunto sonoro se vea desmerecido. Se salva, de hecho, porque hay un buen puñado de melodías que son atractivas y amenizan mucho la acción, pero el conjunto global no es ninguna joya.

Conclusiones
La propuesta que hace
Bladestorm: The Hundred Years’ War es buena, original, con elementos jugables muy interesantes que pueden ofrecer una experiencia llena de personalidad y buenos momentos, pero que se ve afectada en última instancia por sus contratiempos, como la cuestionable inteligencia artificial, o la abusiva repetición de objetivos en las misiones. Sus carencias, en definitiva, aunque no empañan por completo el resultado global, sí hacen que haya que tenerlas muy presentes pues afectan en mayor o menor grado a todos y cada uno de los aspectos del título, de manera que sus virtudes pueden quedar deslucidas.