La hora de la destrucción ha regresado, mejor incluso que antes.
A nivel técnico y artístico, el juego ha progresado desde su primera parte, y el que se centre sólo en Shangái no le afecta, sino al contrario. Como apuntábamos antes, resulta cohesionado, y no se han perdido elementos como la variedad de entornos o situaciones, por lo que aunque no se dé la vuelta al mundo, no resulta repetitivo ni soso. Visualmente es muy vistoso gracias al buen trabajo artístico a la hora de plasmar una ciudad tan singular como esta metrópolis asiática sumida en el más profundo caos en un contexto de devastación tan terrible.
Igualmente, la sensación de suciedad del entorno se logra con una gran atención al tratamiento del fuego, humo y explosiones, e incluso los modelados de enemigos y protagonistas son muy superiores. Eso sí, las texturas se generan de manera muy evidente en varias situaciones; no es un problema severo, no afecta a la jugabilidad, pero estéticamente cuando sucede queda feo.
El sonido y la música destacan por la calidad de las voces (en castellano, con buenas interpretaciones) y el humor, irónico y algo negro (aunque sin excesos), que se desprende de las líneas del guión. Le falta un poco de mala leche, sobre todo porque ya que es un juego recomendado para mayores de 18 años el humor empleado podría haber sido mucho más hiriente y cruel, dada la personalidad de los protagonistas. Igualmente, hay cierta sensación de que falta algo de diálogo entre los protagonistas para acabar de llenar el juego que, en ese sentido, se percibe algo "silencioso". La música resulta intensa, muy apropiada para la acción, y los efectos de sonido son también destacables: el oído atento se dará cuenta de que la personalización de las armas influye también en el sonido de ésta al disparar, lo que muestra el nivel de atención al detalle que se ha puesto en todo ese sistema. Con un buen equipo de sonido, es toda una experiencia.
Conclusiones
El planteamiento con el que empieza el juego es interesante, nos sitúa en una situación peliaguda, y se desvela como algo más que una simple excusa para dar tiros a diestro y siniestro, y es algo que nos ha sorprendido gratamente. Y a partir de aquí,
Army of Two: The 40th Day se desvela como un juego de acción heredero de su predecesor, pero con entidad propia, y una calidad que lo sitúa en la vanguardia indiscutible de todos los que busquen una experiencia de multijugador cooperativo francamente intensa. Igualmente, cuando estamos en solitario, la experiencia es buena, el comportamiento del compañero controlado por la máquina no reviste mayores inconvenientes, y se nota que se ha hecho un gran esfuerzo por corregir los defectos que se detectaron en la primera entrega. Ha evolucionado, y aunque quizás los aficionados más habituales al género esperasen un conjunto de novedades más sustanciosas (que el juego ofrece sólo parcialmente), lo cierto es que aporta suficientes novedades para divertir, captar nuestra atención, y hacernos disfrutar.