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|  El ataque de los monstruos
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La Tierra ha sido sorprendida por la llegada de naves extraterrestres, y la raza humana utiliza todos los medios para ganar la batalla a los alienígenas. Sin embargo, antes de su retirada éstos dejan parte de sus naves con restos radioactivos en el planeta de los humanos. Años después, los científicos descubren una de las utilidades de aquel regalo de los aliens:
¡La mutación de animales en monstruos!
Los chicos de Sony America nos regalan un arcade de lucha donde prima la diversión por encima de todo. Ya nos avisaron de ello el pasado año en el propio E3, donde el juego fue uno de los más jugados y alabados. La verdad es que no será un juego en el que el argumento muestre una desproporcionada imaginación por parte de sus programadores, pues realmente es una simple excusa para ponernos a los mandos de monstruos gigantes y liarnos a mamporros con ellos. Por tanto, no resulta difícil imaginar que sus principales pilares se basen esencialmente en la jugabilidad, con toques como la parodia de algunos de los mas famosos gigantes como el mítico King Kong, Godzilla, o incluso el mismísimo Mazinger Z.
Después de la intro nos encontramos con el menu inicial y los 3 modos principales: el primero, un modo historia, donde elegiremos un monstruo e iremos avanzando ciudad tras ciudad, hasta un total de 30 escenarios; el segundo, una especie de “free for all” con diferentes opciones donde lo primordial será acabar con los otros 3 contrincantes como sea (hasta podemos jugar a varios minijuegos muy divertidos); y el tercero será el modo “Endurance”, o lo que es lo mismo, ir luchando contra todo lo que te vaya saliendo hasta que pases a mejor vida.
Metiéndonos ya de lleno en el juego, y primeramente hablando de sus gráficos, notamos que los 60 frames son constantes y nunca bajan de ahí, por mucho que se recargue la pantalla de grandes edificios saltando por los aires y demás efectos. En general rayan a una gran calidad, con el único “pero” del limitado tamaño de los escenarios, pues están delimitados por un campo de fuerza que pone el ejército para que nos hinchemos a tortas, y, claro está, para que no podamos huir. Aun así, está repleto de efectos gráficos como focos de luz, explosiones, reflejos, objetos para recoger y tirar a nuestro oponente -donde incluso podemos ver cómo la ciudad se va destrozando a medida que avanza el combate-, siendo posible dejar en mero polvo cualquier elemento del escenario. La verdad es que los modelos poligonales no son una exquisitez técnica, aunque no por ello resultan malos, pero lo que realmente sorprende es la gran sensación de que los monstruos son realmente de gigantescas proporciones: vemos los diminutos coches, y como los aún más diminutos humanos corren asustados entre las piernas de los gigantes. Esta sensación también se consigue en momentos como cuando, por ejemplo, nos damos cuenta de los pequeños helicópteros que pululan por el escenario, de la altura de los edificios y también cuando lanzamos a nuestro contrincante por el aire, y vemos como al caer, su impacto anuncia la inmensa cantidad de toneladas que golpean contra el suelo.