| Gráficos: | 9.1 | |
| Sonido: | 8.4 | |
| Jugabilidad: | 9 | |
| Diversión: | 8.7 |
| Total: | 8.7 |
| PlayStation 2 > Análisis > Tourist Trophy | Página 1 de 2 Siguiente |
En los últimos años hemos visto como Namco, y su franquicia Moto GP, ha conseguido el monopolio absoluto del género de motos. ¿La razón? La calidad del juego de la compañía japonesa y la extraña inhibición de antiguos desarrolladores de este tipo de títulos. Esto último es extraño, habiendo franquicias con cierto pedigrí como MotorBike o Motocross Madness que podían resultar alternativas interesantes. En la actualidad esta situación parece que está cambiando, y así Polyphony Digital ha desarrollado este título como una muestra de la portabilidad del motor de Gran Turismo a otros géneros.

La idea de Tourist Trophy surgió con la incorporación de Takamasa Shichisawa a Polyphony Digital a finales de los 90. Ferviente admirador de las motos, propuso al estudio en el que recién se incorporaba la creación de un simulador basado en éstas. Aparcada esta idea por largo tiempo, fue a finales del 2005 cuando le dejaron desarrollar en un tiempo límite de diez meses un juego de motos usando el motor de Gran Turismo. Con esta premisa podríamos pensar en un fracaso o al menos un juego defectuoso. Craso error: Tourist Trophy es de las simulaciones más perfectas que se han realizado sobre motos.
Con más de 120 motos (la mayoría japonesas), Tourist Trophy es el primer juego de este género en haber realizado una diferencia clara entre ellas. Ya no es cuestión de rapidez o manejo; ahora cada moto trae una posición determinada del piloto. Esto es, la diferencia de conducción es amplísima, y permite (incluso) determinar la posición y peso del piloto en ésta. Aparte, el detalle en estas motos es especialmente minucioso, siendo todas diferentes, incluso en los efectos sonoros. Luego, hay otros detalles interesantes como las animaciones del piloto a la hora del cambio de marchas, la inclinación y demás que, aunque un tanto superfluos en la jugabilidad, resultan un buen añadido visual.
Esta diferencia podría ser inútil si Polyphony no hubiera conseguido una buena simulación, cosa que, afortunadamente, no ha sido así. El motor físico de impactos y la forma en que se controlan las motos es de lejos la más realista que hemos visto en juego alguno. No sólo son diferentes, sino que detectan perfectamente la inclinación, llevándote al golpe si tocas con la rodilla el circuito de la pista. El problema es que las caídas tienen como colofón una vuelta a la moto al estilo de lo que se veía en los juegos Arcade al estilo de hace 10 años (OutRun). No hay una animación de golpe integrada en el contexto, como en MotoGP, lo que da un aire irreal y crea una sensación falsa en el juego. Esto es una pena, puesto que los choques y la detección de la inclinación suelen ser más acertados que en Moto GP, donde las caídas por rozar la acera prácticamente no existían.
Así, una simulación que apunta maneras de líder, a falta de ver lo que hacen con la entrega 360 de MotoGP, se queda a medio gas por estos fallos de integración.
El modo para un jugador se compone de Arcade y el émulo del célebre modo GT: Tourist Trophy. Del primero podemos sacar competiciones en carreras rápidas en una diversión eficiente. Estas carreras están limitadas a cuatro motos, lo que resulta extraño en un juego que pretende ser un referente en el género.

El segundo modo es el verdadero corazón del juego. Se diferencia sólo del modo GT en que las motos se obtienen gracias a competiciones contra la máquina y victorias en carreras específicas. No existe, por tanto, el dinero. Al mismo tiempo, para acceder a éstas deberás superar varios pruebas de conducción al estilo de lo visto en anteriores juegos de Polyphony. Las carreras están estructuradas tanto en carnés como en tipos de motocicleta. No son tan difíciles, una vez hecho con el control, y permiten una evolución escalonada del conductor de las más sencillas a las más complicadas.
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