| Gráficos: | 5 | |
| Sonido: | 8 | |
| Jugabilidad: | 5.5 | |
| Diversión: | 6.5 |
| Total: | 5.8 |
| PlayStation 2 > Análisis > Tenchu: Fatal Shadows | Página 1 de 2 Siguiente |
La saga Tenchu fue toda una sorpresa cuando allá por 1998 salió en la PlayStation original. Procedente de un grupo japonés prácticamente desconocido llamado Acquire, el juego nos introducía en un antiguo Japón donde, en la piel de dos ninjas, teníamos que realizar misiones de infiltración y matar con sigilo. Fue toda una novedad en los juegos de acción de la época, introduciendo el elemento de infiltración y las muertes sigilosas, que se convertirían en una de las marcas de la casa en la saga.
Años después saldría la segunda parte, y más adelante la tercera, ya para PlayStation 2, que destacó por leves mejoras pero que no introducía grandes novedades. Esta cuarta parte, ya la franquicia Tenchu en manos de From Software y despojada Activision de ella, llega en una época donde se espera lo mejor de todas las plataformas, una vez dominada su tecnología, y de nuevo siendo obra de K2 LC, los responsables de la tercera parte.

Tenchu: Fatal Shadows, según parece, intenta innovar dentro de la saga Tenchu, pero se queda muy lejos de lograrlo, siquiera de transmitir esa intención al jugador. El juego prescinde de Rikimaru, uno de los protagonistas habituales, para introducirnos en la historia de una nueva luchadora aparte de Ayame. Podemos decir sin miedo a equivocarnos que ésa es la gran y casi única novedad del juego, que sigue una línea muy continuista respecto a anteriores entregas, hasta el punto de ser inferior en detalles como el diseño de escenarios a la tercera parte. Y, sobre todo, en el apartado técnico se ha quedado completamente desfasado hasta el punto de parecer un juego de los primeros tiempos de PlayStation 2. Ni el diseño de escenarios ni el modelado de enemigos y personajes, ni cualquier efecto de los escasos que tiene el juego, llaman la atención por su calidad, sino más bien por lo contrario.
Aparte del que el juego resulta francamente desfasado en su aspecto visual, en el apartado jugable apenas innova. Mantiene esa jugabilidad que tanto cautivó hace siete años, combinando el sigilo con la acción, haciendo especial hincapié en el uso de uno de los puntos clave de la saga: el gancho, con el que podremos saltar a superficies altas para así escondernos de los enemigos. Estos son prácticamente los mismos que en anteriores entregas, reciclándose la gran mayoría de los modelados y animaciones, y no cuentan con una gran inteligencia artificial.
Seguirán patrones de movimiento y patrulla predefinidos aunque, eso sí, en ocasiones bastante largos y que por lo tanto nos llevará un tiempo observar, y se desviarán de su cometido habitual en el caso de que oigan algo o de que nos vean. Si eso ocurre, no nos quedará otra opción que escondernos o, en caso de que nos cojan in fraganti y sin posibilidad de huida sencilla, enfrentarnos cara a cara con ellos. El índice de exposición al enemigo lo indica, como de costumbre, un icono en la parte inferior de la pantalla, con una esfera verde que irá creciendo a medida que estemos más cerca del enemigo e iconos de alarma o interrogación en el caso de que nos vean o de que se sientan intrigados por un ruido o una silueta.

Las dinámicas por las que funciona este sistema de camuflaje siguen intactas. No tendrá gran influencia la iluminación, sino la distancia y la posición en la que estemos –de pie o agachados-. Además, siempre que estemos por encima de los enemigos, es decir, subidos a un muro o a una pequeña edificación, será prácticamente imposible que estos nos vean. Su inteligencia artificial es por lo tanto muy limitada, y su memoria nula, de forma que al cabo de unos minutos olvidarán que nos han visto y no intentarán nada más que volver sin mayores agobios a su rutina habitual de patrulla, lo cual nos da decenas de oportunidades e incluso nos permite aprendernos mejor los niveles.
| Y tú, ¿qué opinas sobre Tenchu: Fatal Shadows? | Página Siguiente |



