Sonic y sus amigos vuelven a subirse a las tablas para echarse unas carreras a toda velocidad.
El sistema de juego es, en esencia, un calco del título anterior con nuestras tablas voladoras en circuitos llenos de obstáculos y saltos de todo tipo, que nos recuerdan mucho más a una montaña rusa que a un circuito estándar, lo que puede ser divertido en la mayoría de las ocasiones. La sensación de velocidad transmitida es buena, pero nos parece insuficiente para lo que se podría esperar de un Sonic y, también, del tipo de vehículo que nos presenta. No son animales corriendo, sino desplazándose sobre objetos flotantes, y la sensación que transmite no es tan buena como en los juegos de las sagas Wipeout o F-Zero, entre otros.
Un elemento importante es la integración del concepto de gravedad, presente ya en el título del juego. Con los brazaletes de gravedad podremos activar un tiempo bala que nos pondrá en una posición óptima para un giro rápido, o, también (y más oportuno) situarnos en el buen camino para coger uno de los atajos que están salpicados por los trazados. Esto puede añadir cierto nivel de profundidad al juego, y la verdad es que dominar estas técnicas nos va a permitir ir mejorando nuestras marcas de manera sustancial, pero hay que señalar que el sistema de turbos de la anterior entrega ya no existe, y es ahí donde se ha perdido sensación de velocidad, claro. Por otro lado, ahora se busca que tengamos un control más preciso sobre nuestros movimientos... lástima de control.

Con todo, lo cierto es que podemos ir ganando más velocidad adicional. Al hacer esos giros consumimos unos puntos que conseguimos cuando saltamos, y que gastamos luego para dar acelerones o esos giros de precisión, y una vez hemos cogido impulso podemos ir ganando más gracias a objetos repartidos por el escenario. Pero habrá que tener cuidado: si nos centramos sólo en la velocidad, llegaremos a un giro imposible y nos lo vamos a comer con todas las de la ley.
Otro factor estratégico a tener en cuenta es que las tablas sobre las que nos movemos tienen diferentes habilidades y virtudes que se pueden activar si recogemos los suficientes anillos en el circuito, lo que es interesante porque acabamos con muchísimas tablas para escoger, y sus efectos se ven más potenciados cuanto mejor lo hacemos, es decir, cuantos más anillos conseguimos. Sin embargo, lo más importante será conocer los circuitos y, con ellos, sus atajos, que nos pueden hacer
grindar (en la mejor tradición de los juegos de monopatines), saltar, o romper obstáculos.
A nivel gráfico,
Sonic Riders: Zero Gravity muestra un aspecto heredado directamente de su antecesor, por lo que no es muy brillante ni en PS2 ni en Wii. Los vídeos están muy bien realizados, y lo más destacable en realidad es que la sensación de velocidad es muy consistente pese a no llegar a los extremos de otros títulos. Esto es lo más importante en un juego de velocidad, y está claro que Sega ha sido consciente de ello y no hay fallos en este aspecto del título. Los entornos están bien diseñados y resultan atractivos, pero constrastan con unos personajes demasiado simples y con una evidente carga poligonal demasiado baja que no se suple, precisamente, por un cuidado trabajo artístico que sí se percibe como de muy buena calidad en los escenarios. La música, por su parte, tiene mucho ritmo y se adapta muy bien al tipo de acción que tenemos en el juego pese a ser composicones rockeras muy genéricas; los efectos de sonido sí resultan algo sosos, aunque está bien escuchar cómo los personajes nos dicen algo cuando les adelantamos. Pero poco más.

El multijugador disponible está bien, pero teniendo en cuenta que tenemos una tabla de puntuaciones en línea está claro que añadir un multijugador real mediante la red hubiese sido un aliciente más que interesante. Pero siempre nos quedarán las partidas para cuatro a pantalla partida, que no están mal.
Conclusiones
Sega ha sabido coger la esencia del anterior título y añadirle elementos interesantes que mejoran la jugabilidad y ofrecen una experiencia un poco más fresca sin perder el espíritu. El problema, en realidad, viene de esa base. El juego no era brillante, y la misma fórmula con pocas diferencias dos años después no consigue cautivar realmente al jugador, salvo –creemos- en el caso de los más apasionados por Sonic. Propone cosas interesantes, y realmente no tiene carencias severas pero no consigue destacar lo más mínimo en ninguna de sus aportaciones.