Toda la nieve y barro de Alaska salpica a tu PSP. ¿Podrás llegar a la meta?
Pero posiblemente el 50% del interés en un Motorstorm se encuentra siempre en el juego en compañía. Aprovechar el entorno para derribar a rivales, pasar sobre ellos con un camión o empujarlos a una caída siempre es más reconfortante cuando sabes que hay un jugador detrás y no la propia consola. Por eso
Arctic Edge permite hasta ocho jugadores en local y en modo red, algo que por desgracia no es demasiado habitual en muchos títulos de PSP. Los doce circuitos, y sus versiones invertidas, son más que suficientes para ofrecer multitud de diversión en uno de los juegos de carreras más orientados al multijugador que se pueden encontrar en la portátil, junto con los dos Wipeout lanzados hasta la fecha. Respecto a las pistas recorridas en sentido contrario, cabe destacar que no estamos ante un simple truco para duplicar circuitos, ya que pueden cambiar las condiciones climatológicas y lo que antes eran atajos ahora dejan de serlo, pero abrimos otros nuevos.
Cabe mencionar que el multijugador es la diferencia más importante entre las versiones PSP y PlayStation 2. Mientras que en la portátil se puede jugar en ad hoc e infraestructura, la doméstica incluye un modo a pantalla partida para dos jugadores, aunque ningún modo online, una solución aceptable pero que reduce a la mínima expresión esta faceta competitiva.
A pesar del citado único marco de todas las carreras, una fría montaña, los desarrolladores han conseguido toda la variedad que se puede conseguir de esta localización. El juego es, salvando un par de casos puntuales debidos a las explosiones y destrozos que se pueden acumular en pantalla, fluido e imponente. Aunque es posible apreciar algo de
pop-up (aparición súbita de elementos del fondo), el horizonte que se llega a vislumbrar, el detalle gratuito de graderías y otros elementos como torres y banderas, junto con la gran cantidad de vehículos en pista se nos antoja casi una demostración de potencia para el hardware de PSP. Todo ello añadiendo efectos gráficos como las salpicaduras a la pantalla, efectos climáticos –destacan las nevadas-, el humo, polvo, la sucesiva deformación o desgaste de los vehículos y objetos del escenario como helicópteros sobrevolando la zona. La opción de sacar instantáneas, que no destacan tanto como el juego en movimiento, está presente.
Podríamos resumir este apartado en que el estudio ha tomado la mejor decisión práctica para hacer del juego lo más
respetuoso con el diseño de la saga. El detalle de los vehículos, aunque no malo, se ha simplificado para soportar a todos los competidores, las texturas de tierra –con la nieve se disimula mejor- no son de la mejor calidad, pero la deformación e irregularidad de Arctic Edge frente a juegos de velocidad de pista planos es remarcable. Un juego de apariencia sucia, no extremadamente veloz –el terreno no da para patinar como un Ridge Racer- pero muy orgánico.
La banda sonora cumple con las normas no escritas de Motorstorm y nos vuelve a regalar un recopilatorio de grandes temas cañeros, de rock duro y algún toque electrónico. Motorhead, The Hives, Queens of the Stone Age, Radiohead o un remix de Hey Boy Hey Girl de The Chemical Brothers, entre otros, dan ese carácter salvaje que Arctic Edge destila por cada centímetro de la pantalla. Pero, si somos de oído blando o simplemente, queremos añadir nuestras canciones preferidas, el juego acepta listas de reproducción propias. Todo un detalle que debería ser habitual en todos los juegos de velocidad.
Conclusiones
A pesar de las reticencias iniciales –por cuestiones técnicas- de ver una de las sagas nacidas en la última generación de domésticas en una portátil, hay que reconocer que Bigbig Studios ha transmitido toda la filosofía de los juegos creados por Evolution de una manera envidiable. Jugabilidad adaptada al nuevo entorno –impagable crear una avalancha que arrastre al pelotón de perseguidores- y una profundidad tanto para uno como para varios usuarios que mantiene el interés.
Pocas pegas se le pueden achacar a Arctic Edge, que no es una versión recortada de los juegos vistos en PlayStation 3. Salvando diferencias en cuanto al control –en el que el Dual Shock es más cómodo- y la mayor comunidad online de usuarios presente en la doméstica, estamos ante un nuevo Motorstorm digno de la saga, con circuitos inhóspitos, carreras brutales y toda la jugabilidad arcade que cabe en la palma de tu mano. Si esperabas un juego directo, con largo recorrido, y perfecto para jugar en compañía, Arctic Edge lo tiene todo y más.