Vandal
PlayStation 2
FICHA TÉCNICA
Desarrollo: Acclaim
Producción: Acclaim
Distribución: Acclaim
Precio: 9990
Jugadores: 1-2
Formato: 1 CD
COMUNIDAD

PUNTÚA
Extreme G3 para PlayStation 2

ANÁLISIS

Análisis de Extreme G3

Chemy ·
GRÁFICOS
9.4
SONIDO
9.3
NOTA
8.8
DIVERSIÓN
8.5
JUGABILIDAD
8.2
Versiones PS2, GameCube.

Un subgénero claramente Arcade

Antes de empezar a comentar en profundidad las excelencias de esta tercera y renovada entrega de la saga Extreme G, hablemos un poco del devenir del que es sin duda alguna uno de mis géneros (bueno, realmente sería mas correcto emplear el término de “subgénero”) favoritos del mundillo: el de los racing-games futuristas. Aunque ya habían surgido exponentes del género con anterioridad, sobresaliendo por diferencia y marcando entre todos ellos un punto de inflexión claro el mítico F-Zero de Snes –sin olvidarnos del gran Power Drome de Amiga-, con la llegada de la era 32/64 bits y por consiguiente los polígonos y el texture mapping, todos los géneros clásicos 2D experimentaron un enorme avance en realismo, fuerza visual y aluvión de sensaciones (por citar algunos ejemplos: Plataformas: Mario64, Shooter: Panzer Dragoon, Beat’em-up: Virtua Fighter, Racing: Ridge Racer...). Así es como a finales del 95, la genial Psygnosis saca al mercado un sensacional arcade de carreras futurista y uno de los primeros títulos que mostraron al mundo la enorme potencia que atesoraba la por aquel entonces incipiente Playstation. Estoy hablando por supuesto de WipeOut, todo un arcade de culto que marcó las líneas maestras a seguir por todos los demás juegos de este tipo que le precederían. Y cuando digo “líneas maestras” no me refiero a jugabilidad o gráficos, hablo de todo un ESTILO (así, con mayúsculas) general, un look, en definitiva de una forma de concebir estos juegos que va desde unos estilizados menús de diseño hasta la hipnotizante música techno –hoy día imprescindible en esta clase de juegos-.
La tercera entrega renueva la saga

Volviendo al juego que nos ocupa ¿dónde entronca la saga de Acclaim en todo el árbol genealógico de los racing-games futuristas? El primer Extreme G, obra de los chicos de Probe, debutó a finales de 1997 en una Nintendo 64 que clamaba por un juego de estas características a falta de un F-Zero poligonal al que aún le quedaban algunos meses para debutar. Más tarde, a finales de 1998 (también obra de Probe) salió al mercado la segunda parte que se limitó a ¿mejorar? algunos aspectos técnicos de la primera parte... y poco mas. Y es que estos dos títulos, sin llegar a ser mediocres ni malos juegos tampoco llegaron a tener una calidad sobresaliente en especial la segunda parte que poseía un efecto niebla bastante patente y sobretodo un framerate (por desgracia, el caballo de batalla de muchos títulos de velocidad de la 64 bits de Nintendo) que en mas de una ocasión sufría altibajos clamorosos.
Ahora, a finales del 2001, entrados de lleno en la era 128 bit y con una máquina con la potencia de PS2 llega la tercera parte de esta saga de motos futuristas de la mano de los chicos de Acclaim Studios Cheltenham –que por cierto cuenta ahora entre sus filas con buena parte de los desarrolladores del WipeOut original- cosa que explica el gran parecido de este Extreme G3 (XG3) con el clásico de Psygnosis en muchísimas cosas. Y es que lejos de querer evolucionar mas una saga que en la dirección en que iba no iba a dar mucho mas de sí han decidido, con gran acierto en mi opinión, “WipeOuzar” (permítaseme usar solo por esta vez este cutre “palabro” recién inventado) o lo que es lo mismo, tomar muchos de los elementos del Wipe para incluirlos en este nuevo juego hasta el punto de que si simplemente sustituyéramos estas esbeltas motos por las clásicas aeronaves flotantes podríamos estar hablando perfectamente de un WipeOut 4, aderezado todo ello con pequeños toques F-Zero.
Espectáculo del futuro

La historia de XG3, como suele ser habitual en estos casos, nos lleva hasta un futuro no demasiado lejano. Desde la creación de esta competición a finales del siglo XXI este deporte ha sido uno de los mas seguidos por las masas. Ahora, en los albores del siglo XXIII todo está ya dispuesto y preparado para que empiece la nueva temporada...aquí es donde, señoras y señores, comienza Extreme G3.
Después de una corta pero intensa intro seremos bienvenidos con un menú de opciones bastante original y estilizado muy en la línea de lo que los célebres The Designers Republic hicieron en los WipeOut. Tras comenzar el juego y elegir nuestro equipo de entre 6 posibles a los que la liga XG ha concedido el derecho de participar: Phase One, Vixen, Talon, Starcom, Palus (mi favorito) y Terra Nova -teniendo cada uno dos pilotos posibles entre los que elegir- nos saldrán tres modos de juego: Liga, Arcade (básicamente es un modo de Práctica) y la clásica Contrarreloj en donde batir nuestros récords. Si bien lo ideal será empezar por la Liga puesto que en los demás modos de juego la mayor parte de los circuitos estarán bloqueados y no se irán abriendo hasta que vayamos superando las distintas categorías del campeonato XG. Esta Liga es el modo fuerte de todo el juego poseyendo distintas categorías: 250 G, 500 G, 750 G y finalmente, la categoría de elite 1000 G (a cada cual, obviamente, mas difícil). Cada categoría posee a su vez distintos torneos o copas habiendo un total de 10 circuitos en todo el juego ya que en cada categoría, desde la 250 G hasta la 1000 G, recorreremos los mismos circuitos, eso si, cada vez con mayor dificultad y requiriendo un mayor número de vueltas para completar cada carrera.
Jugabilidad cambiante

Pero, aunque sólo haya un total de 10 circuitos y 4 categoría las estrategias e incluso la jugabilidad del juego cambiará sustancialmente conforme vayamos ascendiendo de categoría. Me explico: a diferencia de los anteriores XG o WipeOut en donde íbamos obteniendo todos los items durante las carreras simplemente pasando o recogiendo unos iconos de colores, en XG3 tendremos que ir equipando y moldeando nuestra moto hi-tech con los mas variados artilugios conforme vamos ganando carreras y obteniendo créditos por las victorias. Para tal fin está la Tienda XG en la cual –previo pago de nuestros preciosos créditos- podremos adquirir desde nuevos motores para incrementar la potencia de nuestro vehículo hasta armas del calibre de cohetes, misiles termodirigidos o minas de proximidad. ¿Qué es lo que ocurre? Fácil, al principio partimos sin ningún crédito y las primeras carreras serán mas una cuestión de velocidad y habilidad entre nosotros y los demás rivales al más puro estilo F-Zero (los cuales, lógicamente tampoco tienen casi ningún armamento). Sólo contaremos con un turbo-nitro que se irá gastando progresivamente y al que deberemos cuidar como oro en paño puesto que nos proporcionará una aceleración esencial para el trascurso de las carreras. Ocurre que a partir de la categoría 750 G y sobretodo la 1000 G tanto nosotros como los rivales contarán con un buen número de créditos para invertir en armamento con el que equipar la moto, cosa que cambiará todo el “panorama” de competición. Podremos machacar a nuestros adversarios a base de cohetes, minas o bengalas cegadoras llegando incluso a destruirlos si éstos están bajos de energía en sus escudos...claro que ellos tampoco se quedarán quietos y a la menor oportunidad tratarán de acribillarnos con todo lo que tengan a mano. Por todo ello, en estas categorías mas elevadas el juego adoptará un cariz mas a lo WipeOut.
La estrategia de la carrera

por otro lado, comentar que disponemos no de una sino dos barras distintas. Una de energía de nuestro escudo protector que a su vez también lo es del turbo-nitro (es recargable como ya comenté, pasando por unos tramos de color verde) y otra barra de energía del sistema de armamento también recargable al pasar por determinados tramos de color morado. Recalcar una vez mas que el uso del turbo es fundamental para ir ganando puestos y por tanto deberemos ir administrando su uso con sumo cuidado. Aquí es donde viene otro gran problemilla con que nos toparemos a lo largo del juego; la barra de energía que nos protege de los ataques enemigos pero a la vez alimenta el turbo se nos irá rellenando cada vez que pasemos por una zona de recarga de energía...pero en las categorías altas, nuestra moto tendrá ya tal velocidad y aceleración que al pasar por esas zonas de recarga prácticamente no rellenaremos casi nada la barra y si a eso le añadimos los ataques de los adversarios que nos restarán energía del escudo (si se agota del todo nuestra moto se destruirá) estamos ante el dilema de si usar nuestra cada vez mas agotada barra escudo/turbo para ir adelantando puestos en carrera o conservarla para nuestro escudo protector. Por todo ello, deberemos de pensar muy bien en que momento usamos el turbo y en que momento guardamos energía para la moto.
Gráficos soberbios

Pasando al tema de los aspectos técnicos, el apartado gráfico es sencillamente soberbio. De lo mejorcito que he visto en la 128 bits de Sony acercándose peligrosamente al intocable GT3. Dos aspectos clave en todo este enorme despliegue gráfico: el acertado cambio de look de la saga, desde las motos que ahora son muy estilizadas -las de los anteriores XG eran de colores muy estridentes y chillones- hasta un diseño general de las pistas muy bueno; y por otro lado el juego va en todo momento a los adorados, anhelados y soñados 60 fps, lo cual contribuye a crear una sensación de velocidad y en muchos momentos incluso vértigo realmente impresionante y sin rastro de popping alguno en el horizonte. Los 10 circuitos son verdaderamente de ensueño, parecen sacados de una película futurista (Atradaitoshi es la viva encarnación de ese Los Angeles 2019 de Blade Runner, lluvia copiosa incluída) destacando en mi modesta opinión Oceania, todo un descomunal complejo de túneles y estructuras metálicas en medio de un azulado y bello océano y Megalopis 7, una alucinante circuito que transcurre en una bulliciosa ciudad con enormes rascacielos y decenas de aeronaves flotantes que pasan fugazmente por encima de la pista. Hay que verlos. Además XG3 ha sido dotado de toda una serie de efectillos “Made in PS2” bastante buenos: los múltiples efectos de luz de las armas y de las propias motos, efectos atmosféricos como la lluvia golpeando el cristal de nuestra moto (genial) y sobretodo un curioso Motion Blur, eso si, no muy acentuado, que ayuda de forma bestial a aumentar aun mas el efecto de velocidad en pantalla. Como pequeños defectos o lunares a un apartado gráfico sobresaliente, nombrar pequeñas bajadas en el frame-rate en momentos muy puntuales –como acumulación de varios elementos en pantalla unido a una gran explosión causada por un arma- y determinadas texturas del escenario (las que recubren vastas extensiones) que a mi parecer son algo simples.
Ministry of Sound ataca de nuevo

Los FX y la banda sonora también brilla a un altísimo nivel. Los efectos de sonido tanto de explosiones, rugidos del motor, activación de distintas armas, efectos ambientales, atmosféricos y demás están fantásticamente bien recreados con mención especial cuando alcanzamos los 750 mph y se hace una especie de vacío ambiental a nuestro alrededor además de crearse un Motion Blur mucho mas acusado. El efecto en conjunto, visual y sonoro es espectacular. La música corre a cargo de los Dj’s de la conocida sala británica Ministry of Sound, elevando la calidad musical del juego a cotas muy altas. Nuestras veloces carreras por los entramados circuitos de XG3 serán pues acompañadas por fenomenales temas techno y alguno que otro como el Hey Dj en versión progressive muy, muy cañeros que nos subirán la adrenalina a tope.
Control complicado, pero dominable

Llegamos a la “madre del cordero” de todo el juego, el apartado de la jugabilidad. Partiendo de la base de que el control de nuestras sofisticadas motos futuristas ha mejorado bastante desde las entregas de N64, aun así, en muchos momentos hay que reconocer que el vehículo se nos irá de las manos debido a la gran velocidad que llega a alcanzar. Esto no nos engañemos, es típico de todos los racing-games de corte futurista: WipeOut, Motor Head, Hi-Octane o Crash & Burn por citar algunos ejemplos también les pasaba. Es más, yo afirmaría que es una característica intrínseca de este tipo de juegos tan arcade. Nuestra moto, en un principio será dificililla de manejar y nos costará unas cuantas partidas empezar sólo a “medio controlarla” lo cual, como siempre, puede echar a mas de uno (y dos) atrás siendo sin duda el principal inconveniente del juego unido a un nivel de dificultad que sobretodo en las categorías 750 G y 1000 G llega a niveles altos. Es cuestión de práctica, práctica y más práctica, racionar el turbo adecuadamente -¿cuántas veces lo he dicho ya?- y lo mas importante, aprender a usar a la perfección los frenos de aire de la moto en las curvas. Os aseguro que se puede conseguir el primer puesto en todos los circuitos del juego.
La diversión del título es directamente proporcional al control del juego y de si te llega a gustar o no. El juego aunque difícil puede hacerse corto rápidamente: 10 circuitos y 4 categorías (o lo que es lo mismo, niveles de dificultad) a la larga no da para mucho. Y a diferencia del anteriores XG que contaba con modos batalla de hasta 4 jugadores, las opciones extra se limitan a un modo 2 jugadores bastante decente y las mencionados modos Arcade y Contrarreloj. Eso sí, en cuanto aprendes a manejar bien la moto, empiezas a ganar torneos (por tanto créditos) y sobretodo, empiezas a comprar armas la diversión se multiplica por 4.
Un gran juego

En definitiva y a modo de conclusión, con el paso a 128 bit, la saga Extreme G ha ganado mucho, muchísimo conformando un gran juego con un apartado gráfico sensacional, acompañamiento musical de lujo y diversión asegurada en cuanto se le pilla el control a nuestra recauchutada moto...y es que recorrer a mas de 750 mph con esos constantes 60 fps los maravillosos loopings y túneles de Oceania o Verdegrand es una experiencia alucinante. Ahora, sólo nos queda esperar a ver que nos ofrece la saga WipeOut en su evolución a PS2. Lo va a tener difícil.
Por cierto, a falta de pan (60 Hz) buena son tortas (la versión Pal es muy buena, con milimétricas franjas negras e incluso, por una vez, hasta le ha venido bien la inevitable pérdida de velocidad).

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