| Gráficos: | 5 | |
| Sonido: | 8 | |
| Jugabilidad: | 5 | |
| Diversión: | 5 |
| Total: | 5.5 |
| PlayStation 2 > Análisis > Dos Policías Rebeldes 2 | Página 1 de 2 Siguiente |
Durante los últimos años estos miedos se han paliado gracias al buen trabajo realizado con los juegos oficiales, especialmente porque el volumen de la industria del videojuego ha hecho que se necesite un buen desembolso para hacerse con una licencia y solo las compañías con medios –y por lo tanto, con mayor posibilidad de hacer un buen juego- puedan hacer este tipo de juegos. Buenos ejemplos son los títulos basados en El Señor de los Anillos o Spider-Man: La Película, aunque otros juegos como Tigre y Dragón o mismamente el de Matrix no han cumplido las expectativas. En esta coyuntura llega, meses después del estreno de la película, el juego oficial de Dos Policías Rebeldes 2.
Protagonizada por Martin Lawrence y Will Smith, se estrenó en verano/otoño del año pasado y Empire ha hecho, quizás a toda prisa, una adaptación a consola que incide en el aspecto pistolero de esta superproducción cuyo malo, por cierto, es el actor español Jordi Moyá. De esta forma, Bad Boys 2 es un shooter en tercera persona donde en la piel de Mike o Marcus tendremos que abatir, pistola en mano, a docenas y docenas de enemigos que no nos pondrán las cosas nada fáciles.
Y es que aunque Mike y Marcus tienen un notable aguante al plomo hostil del enemigo, desde el primer momento destacará la inmensa cantidad de adversarios con los que nos encontraremos. Unos delincuentes y pandilleros a los que tendremos que matar –o desarmar- haciendo uso de nuestra puntería y buen juicio a la hora de cubrirnos o rodar por los suelos cuando se acerca el chaparrón de balas.
Esta dinámica de disparar, cubrirse y rodar es el eje alrededor del cual gira la práctica totalidad del juego. Haciendo uso de los llamados “puntos de cobertura”, dispuestos inteligentemente por todo el escenario, tendremos que parapetarnos tras obstáculos para protegernos de las balas del enemigo y disparar (saliendo por algún lado de nuestra cobertura) cuando veamos que la situación nos favorece, que no será frecuentemente considerando la constante superioridad numérica de nuestros adversarios.
Realmente no puede decirse mucho más de la jugabilidad. Consiste en avanzar por los niveles, acabando con los enemigos para pasar a la próxima habitación o trozo de escenario, habitualmente teniendo que hacer una escena de “patada en la puerta”, en ocasiones usando la pared como cobertura. Finalmente quizás nos midamos a un jefe de final de fase que contará con los clásicos patrones de ataque y al que nos costará superar un buen rato.
En cuanto a los enemigos comunes, no pueden decirse grandes cosas sobre su inteligencia artificial (que por otra parte tampoco tendrán mucho tiempo para poner en práctica) aunque sí es cierto que, aunque desorganizadamente, intentan sortear nuestra cobertura y pillarnos desprevenidos. Poco más se puede decir del juego salvo mencionar que no ha sido lo suficientemente depurado, existiendo bugs que en ocasiones harán que el juego se quede congelado (particularmente notable uno en que, al matar al jefe final, este sigue en el sitio, no ocurre absolutamente nada y hay que salir de la partida).
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