Más sangriento y violento que nunca, el universo Warhammer 40.000 regresa al mundo de la estrategia cargado de novedades.
Aparte de todo esto, hay que tener en cuenta que también iremos subiendo de nivel conforme superemos los desafíos que se nos plantearán en esta vertiente de juego, pudiendo así desbloquear determinados ítems que personalizarán a nuestras tropas, evitando así que existan diferencias más allá de las meramente estéticas entre los usuarios más veteranos y los que dan sus primeros pasos en el universo Dawn of War. Por lo demás, el juego funciona de manera idéntica a lo visto anteriormente en la saga y el título del que hoy hablamos, potenciándose las rápidas escaramuzas entre usuarios que deben no solo aprovechar las habilidades propias de cada facción, sino también, los elementos del entorno.

En lo referente a las facciones que se presentan en el juego, tres ya han sido vistas con anterioridad, siendo la principal novedad la llegada de los tiránidos, que resulta un añadido de lo más satisfactorio. Valgan como ejemplos habilidades como la posibilidad de excavar túneles que muestran de nuevo el empeño de Relic por trasladar con la mayor fidelidad posible el universo Warhammer 40.000 al mundo de los videojuegos. Sin embargo, no podemos sino criticar el escaso número de ejércitos en liza, sobre todo teniendo en cuenta lo visto anteriormente, y el
pobre número de escenarios multijugador en los que disfrutar de esta modalidad (únicamente cinco).
Tan sangriento como siempre
Dawn of War ya destacó hace casi cinco años por su espectacularidad gráfica, mostrando unos entornos notablemente detallados en el que los ejércitos de Warhammer 40.000 desataban toda su furia: rivales abatidos a golpes de machete, soldados que caían bajo el fuego de lanzallamas; unidades a las que las máquinas de guerra trituraban, etc. Todo esto se mantiene en esta secuela, que vuelve a destacar por presentar un fantástico diseño para todas las unidades de combate, que cuentan además con un sobresaliente grado de personalización, amén de mostrar unas animaciones sobresalientes. También efectos tales como las explosiones, las columnas de humo que se levantarán, las estructuras que sucumbirán bajo el fuego… mantienen un gran nivel de detalle, siendo además un título que funciona en una amplia gama de equipos sin excesivos problemas y con un muy buen nivel de detalle. Lo mismo ocurre con el apartado sonoro, que mantiene el tipo. Por un lado destaca su épica banda sonora, que casa a la perfección con la acción; pero también lo hacen los efectos sonoros que muestran sin tapujos la crueldad y contundencia de la guerra.

Todos estos elementos conforman un gran título de acción, estrategia y rol que sin duda funciona mejor de lo que muchos vaticinaban. Sin embargo, hay aspectos que no gustarán a todos los aficionados al original. Por un lado, el enfoque jugable que presenta el modo campaña (mejor contada que el original, eso sí) puede decepcionar a más de uno, sobre todo porque la estrategia ha sido considerablemente reducida; pero también, el reducido número de facciones en liza, y los escasos mapas para la vertiente multijugador, que es sin duda el lugar donde se cobijarán los usuarios decepcionados con las novedades presentes en el modo campaña, no ayudan a mejorar el resultado. Se agradecen añadidos como el modo cooperativo para el modo campaña, que sin duda funciona realmente bien, y el mayor peso que adquiere la historia en el desarrollo de la acción; pero la sensación de que habrá que esperar un tiempo para poder disfrutar de más ejércitos, como ocurrió anteriormente, cuando podrían haberse incluido en esta secuela estará siempre presente. Aún así, se trata de una de las compras más recomendables de lo que va de año, y uno de esos títulos que ningún aficionado a la acción y la estrategia debería dejar escapar.