Un icono de los videojuegos
Hablar de la saga
Street Fighter es hablar de uno de los pilares básicos de los videojuegos: el que constituye el género de los juegos de lucha. Así de simple, así de sencillo. Y pese a que el original debutó en los hoy día denostados salones arcades en 1987, no siendo demasiado popular en su momento (aunque fue re-descubierto por los fans a posteriori), marcó el inicio de una saga verdaderamente mítica. Lo curioso del caso que nos ocupa, es que estamos ante una de esas raras ocasiones en donde la secuela superó ampliamente y en todos los sentidos al original. Y no sólo eso, además, sentó las bases y marcó el camino a seguir para esta clase de juegos: los de lucha uno-contra-uno.
De este modo, con
Street Fighter II: The World Warrior (Capcom, 1991), la compañía nipona sin ser plenamente consciente de ello, había forjado una auténtica leyenda de los videojuegos, uno de esos títulos, que como Mario o Pac-man, todo el mundo conoce nada más nombrarlo. En definitiva, un icono del mundillo de los videojuegos y un modelo a seguir/imitar por el resto de compañías.
La premisa que
Street Fighter II planteaba era extremadamente sencilla y directa: ocho luchadores a elegir, cuatro jefes finales, intercalando divertidas fases de bonus entre combates así como un final personalizado para cada uno de los personajes. Pero lo verdaderamente brillante era su ejecución y su puesta en escena. Desde la apoteósica jugabilidad, con seis botones repartidos entre golpes con puños o piernas, según velocidad e intensidad, la presencia de llaves especiales para cada personaje unido al carisma y gran equilibrio de todos ellos, inolvidables melodías, escenarios exóticos con personajes a lo largo y ancho del mundo con personajes de fondo animados… e infinidad de detalles más que alargarían esta introducción hasta extremos insospechados.
El apabullante éxito de la recreativa propició, tal como mandan los cánones, conversiones para infinidad de sistemas domésticos y numerosas continuaciones, al principio siendo sólo pequeños añadidos como poder jugar también con los jefes finales tal como reclamaban los fans, incrementos en la dificultad y velocidad, nuevas rutinas de ataques, elegir dos jugadores el mismo personaje… para pasar luego a cambios más significativos como cuatro nuevos luchadores, los
new challengers, (
Super Street Fighter II, 1993) e incluso un nuevo comienzo de la serie denominado
Street Fighter Alpha/Zero (Capcom, 1995) con una estética totalmente renovada, estilo anime, profundos cambios en la jugabilidad y numerosos personajes inéditos que a lo largo de tres entregas de la serie Alpha, completaron de manera notable todo el universo de los "luchadores callejeros".
Legítimos herederos
A pesar del inmenso bagaje que la franquicia había ido dejando desde comienzos de los 90 –incluyendo todo tipo de
merchandising en forma series, figuras, películas o comics-, no fue hasta el año 1997 cuando la compañía nipona lanzó, por fin, la verdadera continuación,
Street Fighter III: New Generation corriendo bajo la poderosa placa arcade 2D
CPS-3. Y tal como sucedió en la segunda parte, poco a poco se fue puliendo y añadiendo sucesivas coletillas hasta desembocar en
Street Fighter III: Third Strike para muchos, entre los que un servidor se incluye, perfecta continuación que lleva la saga a nuevos niveles jugables y digno heredero del juego original.
Por desgracia, estamos ante la entrega más desconocida y quizás la que pasó más desapercibida entre el gran público, saliendo en principio solo para Dreamcast y casi cuatro años después para Playstation 2 y Xbox, cuando los beat’em up 3D con sagas como
Tekken o
Virtua Fighter ya habían instaurado su reinado y acaparaban toda la atención.