Escaso modo historia, interesante multijugador, pero resultados dispares en su conjunto.
La ventaja de este sistema es que potencialmente ofrece variedad y la posibilidad de hacer cambios sobre la marcha en algunos puntos concretos del escenario. Sin embargo, luego el desarrollo de las partidas no da lugar a la creación de estrategias elaboradas, ni acaba de ser muy "definitivo" optar por unas habilidades u otras, salvo en contadísimas situaciones. Pero al menos da la opción de ir a lo bruto, de ejercer como francotirador, o de colarse tras las líneas enemigas sin ser detectado... que es algo que se puede hacer prácticamente ya en cualquier juego del género que apueste por este estilo jugable. El punto fuerte radica en sus 32 jugadores como máximo por partida, y en las variaciones de las partidas que se dan a raíz de recogida de objetos y armas adicionales que aparecen durante la partida.
Por su parte, los combates se ven salpicados de misiones secundarias (por ejemplo, proteger un objetivo, o destruir algún otro, aunque otras son más variadas, como desactivar bombas), que resultan al final el elemento más interesante, ya que se obtienen buenas recompensas y aportan variedad al diseño jugable, que buena falta le hace. La distribución de estos objetivos, saber cuáles afrontar y cuáles hay que dejar para no perder elementos esenciales, entre los diferentes miembros de nuestro equipo, será esencial. De hecho, pueden acabar inclinando la balanza, por lo que es bueno contar con un equipo de amigos habituales con los que nos entendamos.
De hecho, lo cierto es que
Section 8 está muy orientado a los habituales del juego en línea, tanto por concepción como por su propio diseño: un jugador solitario que entre a una partida en línea no disfrutará mucho, o no al menos tanto como en otros títulos de acción en primera persona donde todo resulta más directo y accesible. Parece que el juego apuesta claramente por los apasionados de este género, y serán ellos, de hecho, quienes sepan sacar el jugo de sus virtudes y obviar sus carencias más evidentes, aunque para eso sea preciso contar, como decíamos, con una camarilla de colegas que vayan a sumarse al juego. Esto no significa que no tenga modo historia, pero la verdad es que resulta escaso y anodino, sin alicientes más allá que ser poco más que un tutorial.

Esto tiene un inconveniente: realmente hay que dedicarle cierto tiempo al juego para hacerse con el control y las diferentes características de las armas, con una curva de aprendizaje bastante marcada al principio por sus diferencias básicas (como los impulsores o la manera de entrar en combate, cayendo desde los cielos). Si le dedicamos algo de tiempo, lo cierto es que luego el juego va dando satisfacciones, sobre todo si apreciamos las posibilidades diferentes que pueden ir abriéndose durante la partida, sobre todo debido al sistema de cambio de habilidades casi dinámico que presenta, y las susodichas misiones secundarias que van salpicando el desarrollo.