La saga Penumbra alcanza su epílogo con una curiosa expansión en forma de puzles sin ninguna otra pretensión.
Y es que tras una oscuridad densa, pesada y penetrante se escondían toda una serie de desafíos en un ambiente cargado por un virus letal denominado
Tuurngait (que el padre de Philip estaba investigando), y plagado además por unos seres terroríficos que obligaban al protagonista a luchar por su vida constantemente. Todo ello se veía débilmente complementado por anotaciones, pequeñas bitácoras o grabaciones que se encontraban por el escenario y en las cuáles, íbamos trazando a duras penas qué sucesos habían ocurrido en semejante pesadilla viviente.
Requiem comienza justamente al final de donde termina la segunda parte,
Black Plague, con Philip mandando un mensaje con sus coordenadas y un contundente
"mátalos" desde una terminal de ordenador para acto seguido ser golpeado fuertemente, cayendo al suelo inconsciente. A partir de ahí, despertaremos totalmente desorientados en una especie de excavación antigua… y totalmente solos.
¿Epílogo final?
Como aviso a navegantes, es muy importante recalcar que
Penumbra: Requiem no es un nuevo episodio en la saga tal como fueron los otros dos. De hecho, la idea de los desarrolladores inicialmente era que
Penumbra fuese una trilogía completa, cosa que por problemas con la distribución fue descartado, quedándose en los dos episodios existentes, al menos de momento. De este modo, el título que nos ocupa se podría considerar como una especie de paréntesis a modo de "mini-juegos" de puzles que usan la ambientación, motor gráfico e historia de la franquicia para plantear una serie de retos al jugador. Ni más ni menos.
Por ello, exceptuando algunos datos o pequeñas pistas que obtendremos a lo largo del juego así como referencias a personajes aparecidos en los otros dos capítulos –como
Tom Redwood-,
Requiem no cerrará en absoluto las incógnitas planteadas anteriormente. O dicho de forma más sencilla: tenemos ante nosotros un conjunto de niveles (nueve para ser exactos) aparentemente sin conexión alguna en los que se nos plantearán puzles similares a los vistos en las anteriores entregas.
El objetivo será bastante fácil: en cada nivel se encuentran repartidas una serie de llaves, a modo de esferas luminosas, que deberemos hallar para activar el correspondiente portal que nos transportará al siguiente nivel. En ese sentido, enseguida se nos vendrá a la cabeza paralelismos con el genial
Portal puesto que la física de los objetos tendrá una relevancia fundamental, así como la lógica más básica, que deberemos emplear.
Usa el ratón
El sistema así como el interfaz del juego permanecen intactos respecto a sus antecesores. De este modo,
Requiem sigue manteniendo esa sencilla mecánica, esa intuitiva manera de jugar a base de
point-and-click (apuntar y cliquear) con el ratón unido al uso de algunos botones del teclado, mil veces vista en las tradicionales aventuras gráficas. Únicamente tendremos un punto central a modo de guía, que cambiará a iconos como un ojo –que indica información o una pista al respecto- o una mano cuando algún objeto del escenario sea susceptible de interacción.
Igualmente, dispondremos del curioso y genial modo de simular el movimiento de los objetos que tenían los otros
Penumbra, en base a dejar apretado el botón izquierdo del ratón (como si lo sujetáramos o agarrásemos) y desplazar éste en la dirección correspondiente, moviéndose así el objeto en cuestión. Así, en ocasiones nos veremos dibujando círculos con el ratón para girar válvulas, o arrastrándolo hacia atrás para abrir puertas y cajones. La interacción con los entornos será tal que prácticamente la mayoría de elementos con los que nos encontremos en los escenarios del juego serán susceptibles de ser manipulados.