Tras dos meses de espera, por fin llega a PC esta original aventura en primera persona con alguna novedad “física” bajo el brazo.
El espejo imperfecto
En lo que respecta al apartado de jugabilidad, hemos de reconocer que
Mirror’s Edge ha sido uno de los juegos en los que más dudas hemos tenido a la hora de intentar dar una valoración. Tenemos una interesante mezcla de plataformas/acción en un entorno muy abierto que ofrece muchas posibilidades y con un diseño pensado para que todo transcurra de manera fluida sobre el papel… pero por desgracia, en la práctica no ocurre muchas veces como tal. La idea en sí, es fantástica; el problema radica en que la ejecución falla en según qué situaciones, existiendo dos aspectos claves para ello: la curva de dificultad, quizás algo dura y áspera al principio (en lo que respecta al tiempo de respuesta o
"timming") y sobre todo, el enfoque que se le ha dado a los enfrentamientos contra los múltiples enemigos que nos saldrán al paso.
Centrándonos en esto último, imaginemos una situación típica: estamos en un determinado lugar amplio y de pronto, nos salen al paso cuatro o cinco policías armados; hay que escapar de ellos o tendremos una muerte segura pero ocurre que es la primera vez que afrontamos la situación y por tanto no conocemos, evidentemente, la zona alrededor nuestra ni los caminos. No sabemos exactamente por dónde ir o qué hacer, elegimos una ruta de escape o simplemente una acción errónea y nos matan en menos de cinco segundos (con tres disparos estaremos muertos). En ese aspecto el juego es implacable y casi siempre sólo nos dará una oportunidad. Si fallamos,
Faith morirá irremediablemente. El resultado de lo explicado, se traduce finalmente en una interminable sucesión de ensayo-error en determinados puntos del juego que puede llegar a frustrar. Más aún cuando ni las señalizaciones rojas –si las activamos- ni los consejos consiguen arreglar esto del todo. Finalmente, tampoco ayuda en exceso la "tramposa" IA de los enemigos, localizándonos ipso-facto y, mucho menos, la perfecta puntería que profesan.
En el otro lado de la balanza habría que decir que muchas de las huídas, especialmente si vamos saliendo airosos, son bastante emocionantes y consiguen transmitir una sensación de angustia y nerviosismo tremendos. Igualmente, el enfrentamiento con enemigos individuales está bastante bien resuelto, tanto si lo desarmamos como si lo tumbamos a base de combinaciones de golpes.
Todo esto se alternará con momentos tranquilos, entrando en juego pequeños puzles plataformeros en dónde tenemos que ingeniárnosla para llegar a determinadas partes de un escenario. En ese aspecto, constituye toda una delicia para los amantes de los retos, de cara a pensar cómo y cuales habilidades de nuestra acrobática protagonista usar para alcanzar un sitio que en principio parecía totalmente inalcanzable. Precisamente en eso radica
Mirror’s Edge, es decir, en adaptarnos rápidamente al contexto, a la situación… al entorno, además de habituarnos a usar los elementos que nos rodean de forma natural y fluida. Y puede llegar a costarnos más o menos, pero cuando se consigue, la experiencia es bastante espectacular e intensa.
Conclusiones finales
Mirror’s Edge puede durarnos en el Modo Historia unas ocho o nueve horas (siendo generosos, todo sea dicho). Y si bien es cierto que el juego es realmente corto y puede acabarse perfectamente en una sola tarde, también es altamente rejugable y la adición de los Modos Carrera y Contrarreloj no son meros adornos, como suele pasar en otros títulos convirtiéndose en unos retos apasionantes y muy divertidos. Aún con los fallos ya mencionados en partes de su jugabilidad o su cortísima duración, hemos de reconocer que es un juego distinto, impactante en algunas cosas, muy interesante en otras, hipnótico en su diseño gráfico y la mayor parte del tiempo, una fascinante experiencia que nadie debería dejar de probar -aunque sea en un pequeño alquiler-. Seguro que merecerá la pena.