La saga de los demonios que nunca lloran llega por segunda vez a PC en una sensacional versión, que, esta vez, supera incluso a las de consola.
Un clásico de la anterior generación
Devil May Cry fue una de las sagas más exitosas de las surgidas en la pasada generación de consolas. Siendo exclusivo de Playstation 2 desde sus comienzos, el primer capítulo –juego verdaderamente de culto a día de hoy- tuvo el mérito de ser uno de los primeros títulos en demostrar las tremendas capacidades técnicas de la máquina, con un impresionante modelado poligonal en forma de exquisitos decorados góticos repletos de efectos de luces y transparencias, a 60 imágenes por segundo. Todo ello en el año 2001. Además, readaptó los clásicos arcades de lucha 2D tipo
hack’n slash, (muchos de ellos, obra de la propia compañía nipona como
King of Dragons o
Knights of the Round), a las tres dimensiones en una curiosa mezcla de acción a raudales combinado con pequeñas dosis de aventura gracias a la introducción de sencillos puzles y plataformas.
El enorme éxito que supuso el debut del chulesco caza-demonios Dante propició otras dos entregas más de desigual éxito a lo largo de la vida de la 128 bits de Sony, estando considerada la segunda parte como la oveja negra de la familia (pese a no ser tan mal juego como muchos lo pintan), seguramente, consecuencia directa de la marcha definitiva de la franquicia de los máximos responsables del original: Hideki Kamiya/Shinji Mikami, director y productor ejecutivo respectivamente.
Con la llegada de las consolas de nueva generación, estaba claro que Capcom no iba a desaprovechar la oportunidad de seguir sacando más continuaciones de tan rentable saga, siendo
Devil May Cry 4 (DMC4) uno de los primeros juegos anunciados para la incipiente Playstation 3 en el E3 del año 2005. Y aunque en un principio iba a ser una exclusividad de la nueva consola negra de Sony, la inevitable política multiplataforma adoptada por casi todas las grandes "terceras compañías" en la generación actual hizo que se acabara confirmando su desarrollo también para Xbox 360 y PC, todos ellos en desarrollo simultáneo y sin diferencias aparentes.
De este modo, tras la salida el pasado mes de Febrero de las versiones de consola, los usuarios de PC hemos tenido que esperar algunos meses más, práctica bastante habitual en alguno de los últimos grandes lanzamientos multis como
Mass Effect o
Assassin’s Creed, para poder disfrutar de esta cuarta entrega. Veamos por fin si la espera ha merecido la pena…
Bienvenidos a Fortuna
Devil May Cry 4 nos lleva esta vez a una aislada ciudad llamada Fortuna, situada en una lejana tierra costera. Allí reside un pequeño grupo religioso conocido como La Orden de la Espada, los cuales adoran a Sparda, el mítico caballero oscuro-demonio que se rebeló contra los suyos sellando la puerta que comunicaba el mundo de los humanos con el inframundo infernal. La principal misión de esta orden ha sido desde siempre exterminar a todos los demonios y velar por la seguridad de los humanos. Durante la celebración anual del Festival de la Espada, Dante irrumpe en mitad de un acto religioso asesinando a Sanctus, el líder espiritual de la orden, sembrando el caos y confusión para acto seguido escapar.

A Nero, un joven arrogante y algo pasota discípulo de la orden, de pelo blanco y bastante parecido físicamente a Dante se le encomienda perseguir al "misterioso" asesino y darle caza… encontrándose por el camino con abundantes hordas demoníacas surgidas aparentemente de la nada.
A partir de aquí irán haciendo acto de aparición toda una serie de personajes secundarios como la bella Kyrie (estrechamente unida a Nero), Credo (general supremo de los caballeros santos de la orden) o Agnus (científico-alquimista de la orden) que mediante abundantes cinemáticas generadas por el propio motor del juego irá desarrollando una trama que nos llevará a comprender muchas cosas, incluida la brutal escena inicial a manos de Dante. Mención especial para las apariciones estelares de Trish y Lady, en sendos homenajes a la primera y tercera parte de la saga.