Keanu Reeves protagoniza su primer videojuego en un shooter en tercera persona que cumple pero no sorprende.
Otro de los poderes de Constantine, el de transportarse de un mundo a otro (del infierno a Los Ángeles), será usado exhaustivamente durante el juego, ya que los desarrolladores (Bits Studios) han implementando un diseño que recuerda a Soul Reaver, donde tendremos que transportarnos a un mundo para seguir avanzando en el otro (solucionando puzzles), y viceversa. No podremos viajar entre mundos al vuelo, sino cuando encontremos unos círculos de agua, lo que limita mucho las posibilidades y, sobre todo, hace que el juego sea mucho más sencillo y lineal. Cada vez que veamos un vial es evidente que no podremos seguir sin viajar al otro mundo, haciendo que la exploración del escenario pierda muchos enteros. Además, los puzzles que tendremos que resolver son por lo general bastante monótonos, siendo por lo común el típico "mueve esta caja" para que este camino se desbloquee en el otro mundo.
Combinando estas dos dinámicas, o mejor dicho, matando constantemente hordas de demonios y otras criaturas de similar calaña e idénticas malvadas intenciones y eventualmente cambiando de mundo, avanzaremos por una historia en la que tendremos que impedir que el ancestral equilibrio entre ángeles, demonios y su proporción en el mundo de los vivos se rompa a favor del infierno, que tiene oscuros planes que deberemos desbaratar con alguna que otra colaboración femenina.

De este modo el juego se configura como un shooter en tercera persona con algunos toques originales de resolución de puzzles y la variedad extra que le aportan los hechizos, pero a fin de cuentas poco más. Cuenta con puntos fuertes como la caracterización del infierno, una especie de versión caótica y en llamas del mundo real, llena de explosiones, vientos huracanados y especialmente monstruos, y sobre todo la forma de narrar la historia que, pese con las carencias que mencionamos anteriormente, mantiene al jugador enganchado al pad porque tiene un ritmo adecuado entre acción y secuencia cinemática.
Sin embargo, en lo jugable no innova en absoluto más allá de la ambientación gótica, e incluso las dinámicas básicas de disparo son tremendamente sencilla, con un sistema de apuntado sencillo –al estilo primera persona- y una inteligencia artificial de los enemigos que brilla por su ausencia y que podría simplificarse en "matar a John Constantine a toda costa y sin importar el propio pellejo". Hasta las batallas contra los jefes finales, que cuentan con un buen diseño, se basan en los clásicos patrones de ataque y defensa.

A nivel técnico Constantine es donde mejor luce, mostrando unos gráficos bastante buenos aunque con un abuso de los mismos elementos en la creación de los escenarios. El personaje principal, que siempre veremos, tiene un correcto modelado, pero algunas animaciones –como la exagerada de correr- no están a la altura. Las secuencias cinemáticas tienen una calidad decente y una dirección sin falta alguna, y destacan especialmente las caras de los personajes. En el sonido hay que alabar la decisión de Sci de doblar el juego –algo que la pujante editora británica suele hacer-, con una buena actuación de los actores, mientras que los FX y la música –esta última apropiada para el estilo del juego- cumplen perfectamente.
En resumidas cuentas Constantine es un juego de acción recomendable solo para los fans del comic o la película, y un alquiler interesante para todos los demás jugones. Bits Studios, los creadores de Die Hard Vendetta, han hecho un juego de acción sin pretensiones, siguiendo una fórmula ya conocida y repetida sin arriesgarse a innovar – o a cometer un fallo garrafal. Se trata de un juego cuya forma de narrar la historia le salva de caer en la mediocridad y lo aúpa hasta el "decente", pero que no tiene –salvo el doblaje- nada notable, y ni por asomo sobresaliente. Lo más destacable, repetimos, es la forma de narrar la historia, que hará que al jugador le interese seguir abatiendo demonios y cambiando de mundo de vez en cuando para solucionar un puzzle evidente.