El Pacífico va a asistir a uno de los conflictos más duros que se recuerdan.
Y es que hay que tener en cuenta también el factor estratégico. Si vamos en escuadrón, ahí prima ese factor, pues podremos controlar un avión u otro a nuestro placer, cambiando de uno al siguiente, pasando por las diferentes unidades activas en la batalla, lo que lo aleja mucho del clásico arcade bélico con aviones. Y luego está el combate naval, claro, con un abanico tan amplio de barcos (y también submarinos) como el de aviones. Del mismo modo, hay que tener en cuenta los tipos de navíos a nuestra disposición, pues no es lo mismo un destructor que una fragata. Eso hace que también sea importante pasar de un barco a otro entre las múltiples unidades disponibles en nuestro combate, algo esencial para hacer frente a los diferentes tipos de ataques que estemos sufriendo, si nos toca adoptar estrategia defensiva, o los enemigos que tengamos que machacar. Combinar aire y mar, por supuesto, requerirá maestría, pero tiene sus evidentes recompensas.

Lo que va a requerir, posiblemente, más trabajo, es hacernos con los submarinos. Desde luego, sus posibilidades son elevadas, pero es un poco más difícil manejarlos y saber cuándo y cómo emplearlos, pues algunas opciones ofensivas son posibles sólo en la superficie, pero eso nos deja virtualmente indefensos. Del mismo modo, es posible que no nos quede más remedio que salir a la superficie porque las reservas de oxígeno se están acabando. Por supuesto, también podemos mantenernos a una distancia prudencial de la superficie, empleando el periscopio y pudiendo atacar con torpedos –lo que nos deja en una posición de riesgo comedido, si planteamos bien la estrategia-, y si hay que huir, ir al fondo marino.
Como vemos, los submarinos están llenos de posibilidades, pero hay que cuidarlos bastante, y suelen requerir mucha atención al jugador, atención que quizás le convendría poner en otros elementos de la batalla. Usarlos bien, y a tiempo, nos dará la victoria; dedicarles demasiado tiempo, nos la quitará. Por otro lado, hay que tener en cuenta igualmente que su movimiento es más lento, pausado, y por tanto las misiones centradas en su mayor parte en submarinos son, igualmente, lentas y en ocasiones se hacen pesadas. Esto afecta más a la campaña japonesa, donde diríamos que hay más misiones de ese tipo, sobre todo cuando ya estemos bien avanzados en la historia.
En líneas generales, el juego tiene dos tipos de misiones bien diferenciadas: las muy centradas en alguna unidad en concreto, y las abiertas, con todo tipo de unidades a nuestra disposición. Estas últimas son mucho mejores, más divertidas, animadas e intensas, mientras que las otras, por desgracia, no resultan tan equilibradas. Lo que pasa es que al ir avanzando las misiones son más exigentes, en ambos casos, así que las intensas y divertidas lo son mucho más, y las que no nos convencen tanto… lo hacen mucho menos. Sin embargo, hay que reconocer que esto irá por barrios, y habrá sin duda quien se sienta igualmente cómodo con unas misiones y con otras.

La razón por las que las misiones populosas son divertidas es por una razón fundamental: todo lo malo de las voces del juego se convierte en una inteligencia artificial sublime que sabe cómo y cuándo atacar y defenderse, con muy pocos fallos que nosotros hayamos experimentado. Lo cierto es que no es tan eficiente como para dejarle hacerlo todo, lo que hace que la mano del jugador sea siempre determinante, tanto a nivel estratégico como de acción, pero al menos la inteligencia de nuestros compañeros no nos dará dolores de cabeza. Esto hace que haya que ir cambiando entre unidades, objetivos y demás con frecuencia, pero al mismo tiempo no nos da problemas, y nos hace más partícipes de toda la acción.