| Gráficos: | 6.6 | |
| Sonido: | 7.4 | |
| Jugabilidad: | 7.2 | |
| Diversión: | 6.7 |
| Total: | 7 |
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Creemos que en todas las historias respecto a la saga Worms no hay ninguna que incida en el carácter casi amateur de las entregas originales. Este fue, sin duda, el génesis de los primeros títulos para MS-DOS o Amiga, con orugas como píxeles y el mismo concepto que en la actualidad. Por aquellos tiempos, mediados de los 90, Team 17 era una compañía conocida para los usuarios de Amiga por muy competentes títulos como Full Contact o el genial Alien Breed. Con el declinar de Commodore (y su Amiga), la mayoría de compañías asociadas a él se reciclaron en las consolas de nueva generación, pero Team 17 encontró una tabla de salvación mucho más efectiva: Worms.

Diseño perfecto, enfrentaba a dos grupos de orugas en una batalla técnica por turnos. Desfasado ya técnicamente para la fecha en la que salió (1995), fue precisamente ese diseño el que lo salvó del anonimato. Team 17 acertó a crear un de los títulos más influyentes, del cual han salido múltiples imitadores con escaso acierto. Éxito claro, la franquicia ha seguido por todas las plataformas habidas y por haber. A principios del milenio realizó su transición con éxito a las tres dimensiones, aplicando luego un toque más estratégico con la entrega posterior llamada “Fortress” Con una ejecución casi perfecta en las 3D, nos preguntábamos ¿Qué podía elegir ahora Team 17 para continuar Worms?
La respuesta nos la ha dado ahora: una nueva entrega bidimensional para las consolas portátiles.
En la reciente presentación del juego, el productor justificó la decisión de permanecer en las dos dimensiones y no ejecutar el salto a las tres dimensiones, en que el antiguo sistema se adaptaba mucho mejor a la forma de jugar en consola portátil. Equivocado o no, lo cierto es que estas entregan mimetizan lo visto en Worms 2, del que toma gran parte de los gráficos originales de los gusanos.
El concepto es el mismo siempre: el jugador controla uno de los dos equipos de gusanos, los cuales van realizando ataques por turnos de la manera más diversa. Todo el arsenal de armas habitual se mantiene: plátanos, ovejas explosivas, la divertida granada sagrada, etc. Al mismo tiempo, el juego realiza la habitual generación aleatoria de escenarios, la cual puede ser editada, eligiendo decorado, objetos e inteligencia artificial. Las posibilidades no acaban aquí, y continúan con un modo principal que nos lleva a distintas misiones donde nos enfrentamos gusanos cada vez más inteligentes.

Lamentablemente, el multijugador ha quedado reducido a competición inalámbrica local, y no existe la posibilidad de jugar a través de Internet ni en la versión PSP ni en la de Nintendo DS. Quizás una de las taras más importantes del Worms Open Warfare.
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