El príncipe Marth alcanzará el trono y llevará al reino de Altea a su primera victoria.
Las reglas para el multijugador son configurables en varios parámetros, pudiendo establecer un límite de tiempo o turnos, activar la niebla de guerra (es decir, que no vemos al enemigo si no hay unidades cerca), etc. Por supuesto, el objetivo último es exterminar todas las unidades rivales, o conquistar su castillo, tal y como suced en el modo historia. El jugador que se alce con la victoria obtendrá un objeto con el que los integrantes del equipo de unidades podrán mejorar su habilidades, así que la recompensa es algo más que la diversión.

Una funcionalidad más del juego en línea es la posibilidad de adquirir a una tienda con objetos difíciles de conseguir, o con interesantes ofertas para los jugadores. En esa tienda en línea nos podremos dejar el dinero conseguido durante la campaña para un jugador, teniendo en cuenta que los contenidos de la tienda se actualizan cada día. Otra posibilidad del componente en línea es poder prestar o recibir unidades de otros jugadores que nos dejen durante un tiempo y que se podrán emplear en la campaña para un jugador... y no sólo eso: podremos subir a la red a nuestras propias unidades para que otros jugadores las puedan descargar. Esto es muy útil, pues por las características de los personajes y su evolución, cada uno puede ser completamente diferente del que haya ido componiendo otro jugador.
Eso sí, esas unidades préstamo lo que hacen es sustituir a la unidad del mismo nombre (y más débil) que tengamos nosotros, y en caso de que fallezca en el combate desaparecerá la prestada de nuestra consola, y no podremos utilizar tampoco a la que sustituía.
Visualmente, la llegada de la saga a Nintendo DS busca un estilo algo diferente al de GBA, y nos recuerda más a las de Super Nintendo, aunque lo cierto es que la estética entre ambas líneas es prácticamente nula. En cualquier caso, está mucho más cerca de los diseños de esas entregas que de GameCube o Wii. Lucen muy bien las ilustraciones, aunque en pantalla los personajes son algo sencillotes, como los escenarios, manteniendo esa tendencia hacia lo icónico habitual de la serie. Con todo, esconde cierta belleza que le cunde mucho más en movimiento que en imágenes estáticas, y su ligera tendencia a escenarios menos luminosos y coloridos que en GBA le ha sentado bien. Del mismo modo, se han trabajado las animaciones de los combates entre unidades, y resultan más serias también que en GBA, siendo esos los elementos principales que lo sitúan más en la línea de las entregas para la 16 bits de Nintendo.
La música, como los efectos de sonido, no representan un gran cambio, y de hecho son melodías muy clásicas dentro de la tendencia de la saga. Suenan nítidas, limpias, y su toque se adapta muy bien al desarrollo de las partidas, apostando por toques instrumentales. Los efectos sonoros, eso sí, resultan menos convincentes, aunque se mantienen en la línea de los diferentes capítulos de la saga en el terreno portátil.
Conclusiones
El origen de Fire Emblem nos ofrece en su reaparición gracias a Nintendo DS un título más que digno de la saga que ha envejecido bien y al que se le han incorporado de manera acertada las más destacables novedades jugables que fueron naciendo en entregas posteriores. Hay elementos mucho más logrados en entregas posteriores, sí, pero los aficionados tienen en
Fire Emblem: Shadow Dragon un magnífico exponente del género y una oportunidad única para visitar los orígenes de la serie y descubrir a Marth en su contexto original. Lo más sorprendente, claro, es el juego en línea, un añadido de relevancia que ofrece un gran multijugador y responde a lo que los aficionados llevaban años demandando para expandir la jugabilidad de la saga.