Hace muchos, muchos meses, Japón descubrió Ouendan. Ahora Europa se encuentra con Elite Beat Agents.
El sistema de control se basa por completo en el uso de la pantalla táctil manteniendo el ritmo en todo momento con una interfaz sencilla. Cuando empieza la música, aparecerán esferas en la pantalla, estando numerados. Este número nos indica la secuencia de toques en que tendremos que darles. Al mismo tiempo un círculo mayor se va cerrando sobre cada esfera; en el momento en que coincide con su circunferencia es el momento en que debemos tocar la esfera. Realmente es una de esas situaciones en las que resulta más difícil explicarlo que hacerlo, ya que la mecánica es muy sencilla, directa y, al mismo tiempo, puede complicarse según avanzamos para ofrecer retos más complejos al jugador.
A esa característica de pulsar sobre las esferas, habrá que añadir también la de arrastrar una esfera por la pantalla al ritmo de la música, girar una suerte de ruleta, etc., de manera que se va aportando más variedad al desarrollo, para, mientras hacemos todo esto, que los agentes puedan llevar a cabo su misión. Lo cierto es que normalmente estaremos demasiados ocupados intentando superar la fase como para ver lo que está sucediendo en segundo plano, pero para eso el juego nos ofrece la opción de ver lo que ha sucedido y poder deleitarnos con las secuencias.

El nivel de dificultad es relativamente elevado, alejado de la tendencia a ofrecer juegos muy fáciles, lo que no deja de ser para un colectivo de jugadores motivo de alegría. Además, podremos escoger más niveles de dificultad, de manera que en este sentido el espíritu arcade del título se mantiene intacto. Las fases más difíciles nos obligarán a estar muy atentos al ritmo de las canciones, e ir perfeccionando nuestra actuación poco a poco, con la práctica, al dar poco margen de error. Dado el estilo de juego, nos parece normal, y nos complace ver cómo todavía llegan al mercado juegos que plantean retos sin complejos. Eso sí, con todo, tenemos que decir que –al menos la sensación que transmite- es que la dificultad está mucho mejor nivelada que en el original japonés, como consecuencia de emplear otras canciones y, por tanto, otros ritmos, revisando todo su desarrollo para adecuarse a ellas.
Pero pese a la dificultad algo elevada, el juego no es frustrante ni una experiencia negativa para los jugadores, siempre y cuando no seamos especialmente torpes o nos enfademos mucho con la cosa ésa de perder. Además, como se nos puntúa en función de la precisión a la hora de pulsar y el buen ritmo, el sistema de puntuación está abierto a las suficientes variables como para recompensar una buena actuación al tiempo que castiga severamente los errores, potenciando el pique en el jugador que desee ir mejorando sus registros en el juego. La recompensa final será desbloquear dos niveles de dificultad extra, auténticos retos para quienes ya hayan dominado el juego con maestría.
Elite Beat Agents incluye un modo multijugador competitivo o cooperativo para hasta cuatro jugadores. Si optamos por el cooperativo, seremos dos equipos de agentes y los movimientos a realizar se dividen entre los dos, haciendo más fácil la experiencia de juego, aunque también dependerá de la habilidad de nuestros compañeros de fatigas. Si preferimos el competitivo, nos encontraremos otra vez en dos equipos, aunque esta vez cada uno tendrá un medido que tendrá que llenar haciéndolo mejor que los rivales. Además, para potenciar el modo multijugador, se puede disfrutar con sólo una tarjeta del juego, aunque las opciones estarán limitadas, siendo, por tanto, recomendable, que cada jugador cuente con su propia consola y juego.

Conclusiones
Es cierto que no hay mucha competencia dentro del catálogo de Nintendo DS, pero
Elite Beat Agents es uno de los juegos musicales basados en el ritmo (en esencia, casi todos menos los que están más próximos a una suite de creación musical que al videojuego) más divertidos que nos podemos encontrar. Su estilo visual es simpático, resulta siempre desenfadado y divertido, las canciones son buenas, y tiene un nivel de dificultad un poco por encima de la media que, la verdad, al final le sienta bien. Es un juego de ritmo, un arcade musical sin complejos, que nos hace desear que en el futuro podamos disfrutar no sólo de su continuación, sino también, ojalá, de los originales nipones. Al fin y al cabo, hay tantos cambios que son, casi, dos juegos diferentes.