Las multitudinarias batallas de la famosa saga de origen nipón dan sus primeros pasos en Nintendo DS.
Como apuntábamos al principio, el sistema de ataque de trucos se ejecutará mediante una ruleta que podremos activar al recoger cinco monedas (repartidas por el escenario, o escondidas tras nuestros adversarios al derrotarlos). Una vez que sea factible, deberemos pulsar el botón determinado para que la ruleta comience a girar, asignándonos un ataque especial que vendrá determinado en función de las combinaciones de nuestras cartas de oficiales habidas en nuestra baraja. Dichas acometidas oscilarán entre causar daño al enemigo, o entorpecerlo, pudiendo lanzarlo a otra zona con un torbellino, aturdiéndolo temporalmente mermando su velocidad de ataque, o robándole sus monedas adquiridas hasta el momento así como la parte restante de su energía Musou actual. Por el contrario, los ataques de truco destinados a causar daños irán desde sacudidas en el terreno, olas frías que congelarán a los enemigos temporalmente, así como lluvias de piedras e incrementos de las velocidades de nuestras tropas.
El sistema, suficientemente variado en una primera instancia, pecará de unos resultados tremendamente similares entre sí, con la única diferencia de ejecutarse con distintos efectos visuales. Por desgracia, experimentaremos una sensación improductiva donde por muy buenas conquistas que realicemos y muchas cartas que vayamos acumulando, el resultado directo de la utilización de nuestras habilidades de truco no supondrán diferencia alguna sobre el enemigo más allá de la estética propia de cada ejecución.

A modo de aliciente,
Dynasty Warriors DS Fighter’s Battle ofrecerá la opción de experimentar toda la mecánica para un solo jugador de manera idéntica entre varios amigos gracias a las posibilidades inalámbricas de Nintendo DS. De esta forma, podremos establecer partidas multijugador entre dos o tres personas en las que por normal general, y salvo opciones de tiempo, las reglas y el progreso de las partidas serán idénticas a lo que nos ofrece el título en su vertiente para un solo jugador.
Carencias Técnicas
En referencia al apartado técnico, las innumerables tropas esparcidas libremente por el campo de batalla al que tan acostumbrados estamos en los Dynasty Warriors se trasladan para la ocasión en un título a medio camino entre escenarios poligonales y personajes en forma de sprites planos. Con ello, el resultado deja patente que al margen de las limitaciones técnicas de una portátil para mantener un nivel visual y carga poligonal propia del juego que nos ocupa, lo cierto es la recreación de los personajes debería contar con una atención especial mas allá de unos resultados que bien podrían pasar por la veterana GameBoy Advance.
Por su parte, las animaciones de las tropas crearán una sensación de estar frente a maniquíes inertes a la espera de ser aniquilados, ofreciendo un grado de detalle nulo similar al de nuestro guerrero principal. Por otro lado, como resaltábamos, los distintos movimientos especiales crearán unos efectos visuales algo remarcables, en ningún caso espectaculares, y para nada justificables frente al apartado paupérrimo general que presentará el juego en este aspecto. Los sonidos y melodías, sumamente repetitivas, cumplirán su cometido sin ningún aspecto destacable a su favor.
Conclusión
La representación de
Koei con su afamada saga en la portátil de Nintendo presenta un concepto divertido pero con una imperiosa necesidad de ser perfilado.Su atractivo sistema de cartas, con alrededor de 120 como número máximo a coleccionar, ofrece un punto de rejugabilidad y diversidad que en absoluto compensa las evidentes limitaciones técnicas del título y la excesiva repetitividad que destila la sencillez de su mecánica.

Con una historia que palidece frente a las grandes gestas propias de la historia del
Romance de los Nueve Reinos que tan bien ha funcionado en multitud de entregas anteriores, este
Dynasty Warriors DS Fighter’s Battle se dibuja con unas carencias que dejan de manifiesto como la venerada saga de origen nipón sigue esperando una representación portátil digna de su repercusión. La oportunidad para ello pues, sigue abierta.