¿Aburrido tras una gran mudanza? Ayuda a tu familia moviendo cajas.
Por otro lado recordar el tema de las paredes invisibles, en los tiempos que corren deberíamos ser capaces de evitar estos problemas, y es que no cuesta nada hacer retroceder al personaje a la llegada de éstos, poner objetos o cualquier tontería, todo, antes de intentar pasar por un camino que, por arte de magia, no podemos. Para ir rematando, la consola ha demostrado en varias ocasiones que es capaz de mover los videos que ella quiera y como quiera, en Coraline no los veremos, en su lugar, podremos apreciar cuatro maneras distintas de seguir la historia.
Cuando la historia se centre en la niña, podremos ver geniales dibujos que nos lo cuentan, con un nivel de detallismo asombroso y realmente bellos. Si la persona que nos habla es alguno de nuestros padres (sea del mundo que sea) lo veremos con el motor del juego. Y si hablamos de algún aspecto general veremos una imagen del film. Pero si el que nos habla es alguno de nuestros fantásticos vecinos, sus movimientos se verán reflejados por recortes del largometraje puestos en movimiento de forma horrenda, brusca y con unos contornos la mar de pixelados.
Y os recordamos que el juego no cambia de escenario, siempre estaremos en el mismo lugar, el Palacio Rosa (o marrón), aunque ésta cambiará de aspecto al ir de un mundo a otro no deja de ser el mismo lugar con la misma distribución, y en los alrededores igual, de vez en cuando al avanzar podremos ver algún lugar nuevo, pero durante un escaso tiempo y normalmente sin retorno para éste.
Podremos pasar algunas cosas por alto, y nos centraremos en sus bellas melodías, sí, bellas pero cortas, bellas pero escasas y sobre todo, bellas y repetitivas. Y es que el juego empieza con la misma canción con la que acaba. En cierta manera es lógico ya que los juegos usan una melodía distinta según el territorio en el que nos encontremos y en éste siempre estamos en el mismo. La música varia más bien poco, solo en ciertos momentos de tensión que duran escasos minutos o en algunas escenas que la música definitivamente desaparece y nos agradece con unos instantes de relajante silencio.
Quizá porque el juego es realmente corto no se ha trabajado en más melodías. No, no es excusa y es que en un juego corto deberíamos poder sentir grandes cosas en poco tiempo, con sonidos que nos lleguen al corazón y música que haga ponerse nuestra piel de gallina y el mundo de Coraline digital no lo consigue. Además, por desgracia este tipo de juegos no suelen ser rejugables en ningún sentido, y eso que en Coraline podremos coleccionar objetos y vestidos, pero ni aún así se nos volverá a pasar por la cabeza el volver a jugarlo en un largo tiempo.
Para los más fans
La idea de Coraline podría haber sido increíble si realmente se hubiera trabajado a fondo en esta versión, pero por desgracia hay dos juegos en Nintendo DS con un estilo muy parecido que le sacan mucha ventaja a la pobre Coraline, y es que Another Code y Hotel Dusk: room 215 le ganan en cuanto diseño, sonido y calidad como juegos. Eso sí, aunque diferente, la historia que cuenta Neil Gaiman en su novela está repleta de magia y fantasía y como no, de misterio y emoción.
Seguro que para muchos el juego pasará desapercibido, pero los más fans de la novela o incluso del genial director Henry Selick recibirán el juego con los brazos abiertos, sabiendo perdonar los fallos que ha tenido está versión para la pequeña de Nintendo.