El arte de la cocina regresa a Nintendo DS con la secuela del simpático Cooking Mama.
Lo que sí hay que tener en cuenta es que, pese a que sí hay bastantes recetas, los procesos necesarios para llevarlas a cabo (los retos jugables en sí mismos) no suponen apenas una docena de tareas diferentes. Se puede cortar cebolla o nabo, pero la tarea es en esencia la misma; se puede hacer una masa o mezclar unos ingredientes, pero la tarea es también muy similar, por lo que, en realidad, a nivel jugable resulta un poquito descafeinado. Y como decíamos, la mayoría de las pruebas son recicladas del anterior juego, o versiones levemente revisadas.
Por otro lado, es cierto que el juego ha mejorado otros aspectos marginales de su concepción, como las posibilidades de personalización y la opción de tener una suerte de diario en la que se guardan los resultados de nuestras recetas (no tiene muchas casillas, pero las suficientes como para guardar los mejores resultados y creaciones). La personalización del juego nos permite cambiar la ropa de Mama con diferentes accesorios que iremos desbloqueando según avancemos en el juego (tanto a nivel de delantales, como accesorios de todo tipo). También se podrán cambiar los utensilios de cocina y tener diferentes colores para ollas, sartenes, peladores... Y lo mismo para el mobiliario de la cocina.

Un modo más interesante es el de cocinar para nuestros amigos. Cualquier fallo implicará el fracaso, pero si lo hacemos bien, preparamos el plato con gusto, y al probarlo su sabor es bueno conseguiremos nuevas recetas, objetos, y amigos más allá de las iniciales Chika y Mama. En la misma línea se sitúa el multijugador, que permite ser disfrutado con una única tarjeta de juego. El problema es que el multijugador está limitadísimo: se basa en realizar un paso de una receta, suelto, y no una receta entera, por lo que no transmite tampoco la misma sensación jugable que el título en su vertiente para un único jugador. Esto mismo se puede disfrutar para un jugador, y no va mal del todo para practicar, con pruebas como romper un huevo o pelar una manzana.
En su apartado técnico,
Cooking Mama 2 es un buen juego con gráficos bidimensionales, modesto, pero más que suficiente y con encanto para plasmar su jugabilidad de manera eficiente en pantalla. Es una pena que no se haya hecho ningún avance sustancial en su presentación gráfica, más allá de las limitadas opciones de presentación y la inclusión de más personajes (muy parecidos entre ellos). Desde luego, su estilo visual, con un acabado muy cercano al de los dibujos animados, es simpático y agradable, y la representación de utensilios e ingredientes resulta acertada, con pequeñas concesiones a lo icónico sobre lo realista, lo que se entiende perfectamente por las opciones estilísticas tomadas.
La banda sonora es la misma que en el anterior juego, al igual que el conjunto de efectos de sonido. En este sentido, es evidente que nos encontramos otra vez con buenas melodías, animadas, bien adaptadas al concepto del juego, pero excesivamente repetidas y machaconas. Se han incluido voces, pero no destacan por su variedad ni por su calidad (técnica, ni interpretativa), hasta tal punto que son poco más que meramente anecdóticas. Desde luego, el apartado sonoro es el más desafortunado de todos.

Conclusiones
Está claro que
Cooking Mama 2 es un juego tan divertido como el anterior, al fin y al cabo es prácticamente el mismo producto. Precisamente, eso es lo que más juega en su contra: no han sabido renovar la fórmula, ha perdido frescura y ya no tiene la capacidad de cautivar a quienes disfrutaron del primer juego. Esto lo hace especialmente recomendable para quienes no lo jugaron o bien para quienes sean auténticos incondicionales; el resto pueden llevarse una sorpresa no demasiado agradable al ver que están jugando, prácticamente, al mismo juego por segunda vez. Así que todo aspirante a Arguiñano que quiera un juego divertido, sencillo, ambientado en el mundo de los fogones, ya lo sabe: ésta es la mejor opción, a menos de que ya haya pasado por las horas de juego y diversión que dio el primero.