PEGI +12
iPhoneCompra Titus: La política no es un juego en FNAC
Lanzamiento: · Género: Estrategia / Otros
FICHA TÉCNICA
Desarrollo: Christophe Canon
Producción:
Distribución: App Store
Precio: Gratis
Jugadores: 1
Formato: Descarga
Textos: Español
Voces: -
Online: No
COMUNIDAD

PUNTÚA:
Titus: La política no es un juego para iPhone

Insuficientes votos para figurar en los rankings.
ANÁLISIS

Análisis de Titus: La política no es un juego para iPhone

Alberto González · 14/1/2013
Os presentamos una curiosa aplicación para comprender los entramados y oscuros rincones de la realidad política en forma de juego de habilidad y estrategia para iOS.
GRÁFICOS
-
SONIDO
-
TOTAL
8
DIVERSIÓN
-
JUGABILIDAD
-
Versión iPhone.


La interfaz es clara, y nos irá dando directrices básicas, así como encuestas y datos concretos para nuestro uso. Por ejemplo, si creemos que con una entrevista comprada -sí, podemos sobornar al periodista y al redactor del periódico- podemos subir intención de votos, pero nos cuesta demasiado, y tenemos indicios de que con un mitin tenemos la misma posibilidad y nos cuesta menos dinero, no habrá que pensárselo demasiado. El mitin, por ejemplo, está representado en forma de juego de habilidad donde esquivar tomates y fruta podrida mientras estamos en lo alto de la palestra. Si conseguimos aguantar el tiempo suficiente sin caer o acabar lleno de tomate hasta las trancas, lograremos calar en las bases y convencer al electorado. El buzoneo, con el reparto de propaganda para movilizar a nuestros militantes, también tiene su historia, y es un minijuego en sí mismo, que no tiene nada que envidiar a los típicos juegos de saltos tan populares en la App Store.

Ser el presidente de Wealland no es fácil. Y derrotar a Desmond, el actual mandamás, tampoco. Por el camino nos iremos enfrentando a un montón de cabezas políticas, dirigentes del partido, alcaldes y lugartenientes de lo más estrambótico. Antiguos jefes militares, ricos burgueses, jueces con aspiraciones... De todo. Cada uno tiene una estrategia política, y deberemos desentrañarla para vencerlos. El tiempo nos irá dando un buen bagaje y la cantidad de experiencia necesaria como para entender que cada adversario político tiene sus puntos débiles, y que el dinero, casi siempre, es uno de ellos. La campaña principal es larga, lo suficiente como para tenernos en vilo durante unas cuantas horas -dos o tres si somos muy habilidosos, y gestionamos bien nuestros recursos-, y si nos cansamos, Titus: La política no es un juego, nos ofrece un modo en el que poder plantear sin ayuda alguna nuestra estrategia y otro, donde disfrutar de los minijuegos incluidos en los modos principales -a fin de obtener mejores puntuaciones y récords-.

El apartado visual de Titus: La política no es un juego, es maravilloso. No hace ningún alarde técnico, pero funciona a todos los niveles, presentándonos ambientes opresivos, sonidos y composiciones musicales enormes y una serie de personajes más propios del cine de Tim Burton y Henry Selick, que de un videojuego. Desde el propio Titus -que comparte algunas cosas con el sempiterno y famoso Jack Skellington de Pesadilla antes de Navidad-, a algunos de nuestros adversarios, pasando por los escenarios donde damos los mítines. Todo goza de un mimo y detalle digno de alabanza, tanto en el iPad como en el iPhone. Como pega, y descontando una chapucera traducción al castellano, destacar que la interfaz, a veces, nos deja la ligera impresión de que no está a la altura del resto de los apartados. La aplicación, universal, es compatible con Game Center.

Conclusiones finales

Titus: La política no es un juego, es una aplicación entretenida, completa... Y educativa. Aderezada con un componente cínico y de crítica, y bien asentada en unas claras y evidentes bases humorísticas, la aplicación consigue atraparnos, enseñarnos sus propias reglas y hacernos ver que, pese a lo disparatado del universo donde se desarrolla la acción, todo tiene un cierto fondo de verdad y realidad. Y eso es, precisamente, lo que la hace tan especial. Como decíamos al comienzo del análisis, Titus: La política no es un juego, consigue transmitir su mensaje. Y nos enseña, en cierta medida, que paradójicamente, la política sí que es un juego. Que por desgracia, no todos están dispuestos a jugar de la manera correcta.