Todo Zelda es una leyenda. Sólo uno cierra la vida de GameCube.
En el plano artístico, no puede beneficiarse de todas las ventajas plásticas que sí estuvieron presentes en Wind Waker, de belleza inusitada, pero
Twilight Princess no le va a la zaga, con unos rediseños intachables para enemigos, como stalfos o boblins, nuevos personajes llenos de carisma, una ciudadela apabullante y unos personajes principales igualmente bien revisados. Link, por ejemplo, presenta un nivel de detalle muy elevado, y animaciones muy suaves, habiéndose corregido por completo desde las primeras versiones que probamos cómo anda. Comentario aparte se merece Link bajo la forma lobuna, que transmite una sensación de movimientos muy naturales, al igual que Epona. El único punto en contra es que en algunas muy contadas ocasiones puede percibirse una leve ralentización en el juego, pero es algo anecdótico, en absoluto generalizado.

Las composiciones musicales vuelven a prescindir de temas orquestados, si bien hay honrosísimas excepciones que se reservan para algunos de los pasajes más significativos. En la reutilización de temas clásicos de saga, reinterpretados para la ocasión, el retomar algunas melodías del Ocarina of Time o de Wind Waker, hechas ahora silbidos o aullidos, se convierten en guiños constantes a los seguidores de la serie, y las nuevas composiciones oscilan entre lo épico y lo sentido adaptándose con una soltura y calidad artísticas incuestionables a la tónica del desarrollo de la acción y la historia. Los efectos de sonido ambientales son, igualmente, de una gran calidad, destacando los ruiditos de los animales que ayudan a componer una atmósfera sin fisuras, del mismo modo que los gruñidos de los verracos de las hordas enemigas, el crujir de las extremidades de los insectos, o el crepitar de los huesos de los perros esqueléticos que nos atacarán por las noches, o los gritos de los gibdos.
La duración del juego es la mayor de toda la saga, hasta tal punto que el simple acto de cruzar a galope el reino de Hyrule de una punta a la otra puede llevarnos casi diez minutos. Las mazmorras, por su parte, son extensas y complejas, y las misiones fuera de ellas también tienen chicha para dar y tomar. Es altamente probable que el jugador tarde horas en llegar a la entrada de la primera mazmorra, y que pasadas cerca de quince todavía no se le haya desvelado todo el cotarro que está moviendo la historia y las auténticas intenciones del usurpador y tirano que dirige las sombras con una magia maléfica que su propio dios le ha otorgado. No queremos entrar en detalles profundos para no desvelar ninguna información relevante, ni tan siquiera en lo referente a cuántas mazmorras incluye el juego, pero simplemente llegar hasta el final, sin buscar las piezas de corazón, los bichos dorados, las almas de espectro y superar los minijuegos, es, ya de por sí, sustancialmente más extenso y una tarea titánica superior a cualquier otro juego de la saga, y eso es decir mucho.

Conclusiones
Hace veinte años, Japón recibió para Famicom Disk el primer The Legend of Zelda, y no sería hasta 1987 cuando el título hizo aparición en Occidente. Ahora, GameCube vive el regreso, una vez más, de Link, el héroe de leyenda en la que es, posiblemente, su aventura más grande, y uno de los mejores juegos que se pueden disfrutar... en términos absolutos. La época de DreamCast, PS2, Xbox y GameCube ha dejado muchos juegos y títulos de calidad incuestionable en todos estos sistemas, como Shadow of the Colossus, Shenmue, Resident Evil 4 o Halo 2, por citar algunos de los juegos que muchísimos usuarios tienen no sólo entre los mejores juegos de la generación, sino de todos los tiempos. Pues ahora tendrán que apretarse un poco más, porque
The Legend of Zelda: Twilight Princess ya ha llegado.