Análisis de Prince of Persia: The Sands of Time para GameCube
La creación de Jordan Mechner regresa al mundo de los videojuegos por la puerta grande.
| Gráficos: | | 9.2 |
Jugabilidad: | | 9.5 |
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| Sonido: | | 9.5 |
Diversión: | | 9 |
Desde 1989, año en que conocimos Prince of Persia, este título ha pasado por muchos sistemas. Por supuesto, los ordenadores de la época y las consolas de 8 y 16bits recibieron en su momento diversas encarnaciones, incluyendo una segunda parte de este título. Incluso tuvimos una encarnación tridimensional, Arabian Nights diez años después (a cargo de Red Orb Entertainment), que es preferible olvidar. Pero ahora, tras su paso por PS2 y PC, las arenas del tiempo se introducen también en los circuitos de las consolas de 128bits de Microsoft y Nintendo con una carta de presentación estupenda: el propio Mechner ha colaborado en este videojuego.
El tiempo era ya entonces uno de los grandes elementos de este juego, y en éste no iba a ser menos, pero el talante es bien diferente. Nuestro príncipe, el hijo menor del rey Shahraman de Persia, podrá manejarlo casi a su antojo gracias a la daga del tiempo. Con ella, y según avancemos en el juego, podrá retroceder en el tiempo, ralentizarlo, congelarlo, hacer que avance y tener visiones del futuro. Con estos poderes, además de con sus habilidades como atleta y guerrero, deberá restablecer la normalidad tras haber liberado, engañado por el malvado Visir del Maharahá (un traidor, mentiroso, y con una perilla que no le favorece nada, por no comentar su dudoso gusto a la hora de vestir), el mal guardado en las arenas del tiempo. Puesto que todos los habitantes del palacio han sido convertidos en monstruosos seres, él deberá llevar a cabo solo su misión… bueno, solo, lo que se dice solo, en realidad no. Farah, la hija del Maharahá indio al que traicionó el Visir y al que robaron el Reloj de Arena Prohibido (que contenía, evidentemente, las arenas del tiempo), le acompañará en varios momentos; y, por supuesto, el citadísimo Visir estará también dándose algún que otro paseo por el palacio, pero con un fin bien distinto: hacerse con la Daga del Tiempo. La razón por la que estos son los únicos que conservan su forma y no se transforman (como todos los demás humanos y animales) es porque cada uno está protegido por tres artefactos antiguos: el báculo, el medallón, y la daga. Sólo progresando en la aventura, sabremos qué derroteros tomará la aventura.
Y para avanzar en el juego, como ocurría ya en 1989, tendremos que demostrar no sólo nuestra habilidad con el control preciso del protagonista, sino que también habrá que resolver algunos puzzles muy interesantes. En algunos momentos el juego hará que nos subamos por las paredes (literalmente) para cruzar abismos insondables, demos saltos ajustadísimos, y trepemos con sumo cuidado por riscos y cornisas… en otros, deberemos reflexionar sobre cómo emplear esas habilidades para solventar algunos de los pasajes más complejos, accionar mecanismos, o encajar engranajes de máquinas malditas.
Mutiplataforma, al fin
Por razones que no vienen al caso, este título ha sido una exclusiva temporal en Europa durante algunos meses para la PS2, de manera que hasta hace poco sólo hemos podido disfrutar del juego en las ya citadas encarnaciones de PC y PlayStation 2 y, también, en GBA. A decir verdad, el juego presenta pocas diferencias entre las versiones "mayores", pero no por ello son poco importantes. Por ejemplo, los extras de cada versión son diferentes; y es que en esta ocasión, en GCN nos ofrece el primer nivel del juego original en 3D completas, además del viejo Prince of Persia, y la versión Xbox nos ofrece también el juego original, así como su secuela. Como es de esperar, la versión para la consola de Microsoft aprovecha todo el potencial para el audio que ofrece ésta, dando al jugador una sensación superior a la que obtenemos con el Dolby Pro-Logic II de GCN, pero el problema de las voces metálicas, nasalizadas, y excesivamente comprimidas, en definitiva, no desaparece en ninguna versión. Además, cuando optamos por el doblaje castellano, el fallo es mucho más notable. Sin embargo, y esto es muy importante, puesto que ha sido criticado exageradamente por algunos medios, las voces del juego en sí son de gran calidad sin excepción en todas las consolas. ¿Cómo se entiende esto, entonces? Fácilmente: el único problema –común también a todas las consolas- aparece cuando estamos manejando menús o salvando la partida y el príncipe nos habla (a veces con excesiva insistencia). Debemos señalar e insistir en que, pese a lo señalado en otros sitios, la calidad de las voces en GCN no desmerece en absoluto a la de las otras consolas. Las melodías, por cierto, son de una gran calidad, tanto de composición como en calidad del audio, acompañando a la acción en todo momento, y creando una atmósfera inconfundible gracias al diseño de Jonathan Pilon.
Un extra curioso de la versión GCN (pero ni mucho menos tan destacable como la presencia del propio Prince of Persia 2 en Xbox) es la conectividad con GBA: si hacemos uso de esta característica, recuperaremos energía, y es uno de los medios que nos ofrece la versión de GCN para desbloquear el juego que abrió la saga. En Xbox, por cierto, nos encontraremos la inclusión de una pequeña funcionalidad del servicio Live, pues, si bien no hay ni contenido descargable ni posibilidad de jugar on-line, el juego permite que tus amigos te vean, sepan a qué estás jugando, y puedan invitarte a una partida a través de Live (con un juego que permita el uso de esta característica, claro). La verdad es que la versión Xbox es la más favorecida en el apartado de los extras, y con méritos propios; sin embargo, ambas versiones, incluyen más características que la de PS2 (incluso en GCN, pese a la superior capacidad de almacenamiento de los DVDs de la consola de Sony).